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El Testamento de Judas, tradición y desahogo popular

En muchos lugares de nuestro país, y de Iberoamérica, se conserva la costumbre -traída de España por los frailes evangelizadores- de la Quema de Judas. Los Judas, son figuras de cartón con cohetería incrustada que se cuelgan y queman, habitualmente al mediodía, el Sábado Santo, también llamado Sábado de Gloria. Recuerdan el momento en que el discípulo de Cristo se ahorcó por el arrepentimiento de la traición al maestro.

La Quema de Judas -o de los Judas porque suelen ser varios-, es el repudio a la traición y la deslealtad, con una connotación de desahogo popular. Conlleva una crítica social y política a los poderosos que abusan de la buena fe de quienes creen en ellos. Por eso los muñecos que se elaboran son representaciones de personajes o tipos sociales que la vindicta pública incinera y en ocasiones lapida, pues hay lugares en los persiste la costumbre de apedrearlos y arrastrarlos a modo de linchamiento.

En algunas comunidades la Quema de Judas es acompañada por la lectura del Testamento -versos festivos compuestos por versificadores del pueblo que derrochan ingenio y agudeza- para relatar el reparto que hace Judas de sus hipotéticos bienes a quienes los merecen. Es un ejercicio comunitario alegre y divertido, de convivencia armónica, porque muchos lugareños llevan sus versos, algunos de improvisación repentina motivados por el desarrollo de la actividad, y el lector o lectores del Testamento de Judas -presuntos notarios a cargo de la diligencia-, los van incluyendo oportunamente ante el regocijo de la concurrencia. Necesario es mencionar que muchos de los mencionados en el Testamento de Judas, por ruda que sea la crítica en su contra, en lugar de sentirse ofendidos lo toman como una demostración de integración plena a su comunidad. Incluso participan y hasta promueven y patrocinan algunos de los gastos necesarios para la realización de lo que la tradición marca. Los que somos incluidos, dicen algunos con buen humor, somos los que contamos para la gente. 

En este Sábado de Gloria para seguir la tradición, aunque no con el mismo desenfado, acertado modo y estilo que tienen los juglares populares para fustigar a los cofrades del controvertido personaje, aquí va, por nuestra cuenta:

El Testamento de Judas

 

Soy el judas Iscariote,

el traidor por excelencia,

aquí detallo la dote

que les he dejado de herencia.

 

 Les he dejado algo a todos

pues es sabido y aceptado

que cuando menos mis modos

no hay quien no los haya usado.

 

A los más sobresalientes

con mi herencia beneficiados

para que los tengan presentes

aquí los dejo enlistados.

 

Al gobernador, de hecho,

le aumentaré la herencia maldita,

se ve que la necesita

y bien que le saca provecho.

 

Con doce apóstoles a su lado

Cristo, solo de mi tuvo dudas,

Gallardo, con afiliaciones rudas,

puros Judas ha reclutado.

 

Su gabinete y aliados

mis aromas heredaron aquí,

y ya dicen en todos lados

que todos huelen a mí.

 

Entre los alcaldes y alcaldesas

que mi ropa sea repartida,

por sus actos y promesas

les quedará a la medida.

 

La soga con que me ahorqué

por causa de mis arrepentimientos,

a los ciudadanos se la dejé,

para que cuelguen a sus Ayuntamientos.

 

Mi lengua a los diputados

se las heredo y destaco,

en sus discursos alrevesados

que de ella se coman un taco.

 

Dejo mi sentido de justicia

a magistrados y jueces,

aunque dicen que con creces

Ya lo aplican con pericia.

 

El pago de mi traición ingrata

se los dejó a los partidos,

los treinta ciclos de plata.

Que entre ellos sean repartidos.

 

Es un aporte sincero

para que cumplan su tarea,

ya que ellos, por dinero,

son capaces de lo que sea.

 

Las habilidades, bastantes,

con que logré mis hazañas

se las dejó a los aspirantes,

ya las usan en sus precampañas.

 

A la cuarta transformación,

que es mi seguidora fiel,

le doy mi sombra en donación,

es mejor que la de Andrés Manuel.

 

A Claudia, la presidenta,

porque es tiempo de mujeres,

la debo tomar en cuenta

al repartir mis haberes.

 

Le dejó la frase certera:

“¿Acaso seré yo, maestro?”,

que la aplique, de modo diestro,

con los reporteros de la mañanera.

 

Si le preguntan ¿quién se asoleó

en los balcones del Palacio?:

“¿Creen que acaso seré yo?”,

les puede contestar despacio.

 

A los que se empeñan en heredar

a su parentela el mando,

igual que a mí, los van a quemar,

de herencia les estoy avisando.

 

A todos les dejo algo

pues, aunque mentes agudas

les digan que nada valgo,

todos tienen algo de Judas.

 

Pero si hay alguien que piensa

que de mi herencia se le excluyó

solo diré, en mi defensa,

que ese es más Judas que yo.

 
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