Opinión
Caminando, corriendo, descansando, siempre fue Jesús de Nazaret. Vivió en una comunidad perteneciente a la Palestina del siglo I, un pueblo de Galilea, donde los historiadores la describen como el lugar de encuentros culturales, religiosos y políticos, albergando a diferentes religiones, pero sobre todo a sectas judías, que tomaban de las escrituras según les convenía, por ende y para estos momentos actuales cada una interpretaba la ley divina de Abraham como les pareciera. Hoy el mundo paga por esas “interpretaciones” de la ley de Dios.
Imaginemos al nazareno en sus recorridos por el desierto, el encuentro con los desposeídos de todo, hasta de la dignidad, en momentos donde los romanos conquistaban toda tierra conocida, gobernando con mano de hierro, sus largas caminatas donde cualquier paraje era ideal para dar a conocer su ideal de vida, mostrándose como un poseedor de la verdad, cuando la vida valía menos que una lucha en algún coliseo, muriendo a manos de un gladiador o destrozado para ser devorado por algún león africano. Seguramente Jesús era espiado por los sacerdotes afines al imperio romano, cada palabra era meticulosamente examinada, pues advertían que la revolución del pueblo se avecinaba, cada paso que el profeta de Nazaret daba en tierras romanas, era un peligro para su existencia. Los sacerdotes eran un grupo de elite, poseían grandes riquezas e influencia religiosa, normalmente se prestaban hacer los administradores del Templo de Jerusalén. Los sacrificios y por supuesto los ingresos por cada sacrificio animal, tenían sus recompensas.
Jesús en su afán de promover la paz, el bien entre los hombres, la convivencia entre pueblos, de pronto, en algún momento nos preguntamos, ¿pactaría con el diablo?
Un pacto donde inevitablemente cada uno se haría cargo de sus propios fieles. Buenos y malos, todos en un mismo mundo, con fines parecidos, con diferentes personas a su lado. La promoción del bien como en campaña política fue considerada como un acto de sublevación hacia los dogmas y creencias hebreas, la antigua oligarquía hacía de las suyas, sin medios de comunicación actuales con su infodemia, cada palabra de Jesús era considerada una aberración inconsistente para la clase política vendida al imperio de Roma…donde, pero donde, hemos visto esto.
Sedicioso blasfemo, promotor de la separación de la religión y el poder político… a César lo suyo. El profeta avanzó hacia la instauración de una igualdad entre las personas, un ferviente promotor del derecho a la salud, su poder de sanación atrajo a ricos y pobres, todos querían sanarse, pero primero el que sufre y si sufres tienes el derecho de elegir, esta vida o la luz eterna.
En algún momento se perdió entre el desierto y las aguas del mar de Galilea, cuarenta días, ¿Qué hizo?, ¿dónde estuvo? Lugar icónico para el cristianismo, donde Jesús era acompañado por sus discípulos y los ungió como los próximos “pescadores de hombres”, sus sanaciones, la pesca abundante, las enseñanzas filosóficas, caminó sobre sus aguas, su acompañante fiel María de Magdala, quien lo acompañaría en sus travesías de fe, lo esperaba siempre ahí, liberada de los demonios, siguió al Mesías hasta el final de sus días. Sería que, en su retiro espiritual, se encontró con el creador, el Padre de todo, para hacerle saber de su destino, que él sería a quien nombraran por siglos el Hijo de Dios, pero a su regreso a la orilla encontraría que sus seguidores no podían realizar nada sin sus consejos, sin su guía. Algo más ocurriría en esa ausencia, como lo interpreta José Saramago, en su libro El evangelio según Jesucristo, fue el acuerdo con el diablo (El Pastor), como mediador Dios universal, para que la sinergia entre el bien y el mal, fueran de la mano, el Pastor le hace ver a Dios que el fue expulsado en los principios de los tiempos, dé manera violenta, castigado y con sufrimiento, y que él, ofrece a Jesús su sacrificio para salvar a la humanidad, ¿Cuál de todas? En ese momento se establece el orden mundial. Jesús es sacrificado por la humanidad, con sufrimiento y dolor. Quienes lo entregaron fueron aniquilados, por el poder político y militar, mientras tanto los fieles al demonio siguen libres, traicionando, matando, violando, y hoy en la tierra del Nazareno camina el mal, como si el pacto con Dios solo lo hubiera firmado el maligno.
La pasión de Jesús, es la consecuencia de la entrega por el otro, por los ideales defendidos, por otorgarle el mundo una esperanza, entre tanta guerra, entre la desdicha que en pleno siglo XXI, tengamos ante nosotros un ejercito de malignos, que la batalla entre el bien y el mal, es dispareja, las bombas no solo matan la carne, ni aniquila las ideas, mata también la esperanza por la vida, un mundo mejor. El mundo esta lleno de gente buena, no importa la ideología, ni la religión, pero mucha prefiere ignorar el infierno que asumir su responsabilidad como lo que son, gente buena.
Tiempos para la bondad
El mundo no merece lidiar con el mal, la bondad le gana a la envidia, al encono, a la perversidad, la bondad siempre será vista como un estorbo para aquellos que comparten egocentrismo, la avaricia, el bondadoso según Dostoievski “la bondad expone al agente, la verdadera bondad incomoda porque actúa como un espejo”. Ser bondadoso no es sinónimo de gente débil, ni ingenua, es el contrario de ejercer el bien sobre los pecados capitales.
Tengan ustedes un bueno y renovado renacimiento a la vida.
Nos saludamos pronto
OSCAR ESQUIVEL