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Visita a los siete altares, un recorrido de fe

Siete pasos de fe: una tradición que camina con los potosinos en Jueves Santo

San Luis Potosí, SLP.- En el corazón de la Semana Santa, el Jueves Santo en San Luis Potosí se vive con pasos pausados, miradas al suelo y oraciones que se repiten en silencio. La visita a los siete altares, una de las tradiciones más profundas entre los potosinos, transforma el Centro Histórico en un recorrido de fe donde cada templo representa un momento clave en la pasión de Cristo.

Desde tempranas horas de la tarde y hasta entrada la noche, cientos de fieles transitan entre iglesias, deteniéndose en cada altar para reflexionar. Más que un acto ritual, esta práctica se ha convertido en un ejercicio espiritual que invita al recogimiento, al arrepentimiento y a la memoria de los últimos momentos de Jesús, desde su agonía en Getsemaní hasta su crucifixión.

Templos emblemáticos como la Catedral Metropolitana, El Carmen, San Francisco, San Agustín, San Miguelito, San Sebastián y San Juan de Guadalupe se convierten en puntos de encuentro donde la fe se manifiesta en cada oración, en cada vela encendida y en cada paso que se da con respeto.

“Es una tradición que no solo se hace con los pies, sino con el corazón. Cada iglesia te invita a detenerte y pensar en lo que uno vive, en lo que uno cree”, expresó María del Refugio, fiel creyente que año con año realiza el recorrido acompañada de su familia.

La práctica, heredada desde la época colonial, mantiene viva una de las expresiones religiosas más significativas de la entidad. Para muchos, no se trata únicamente de cumplir con una costumbre, sino de reencontrarse consigo mismos en medio del silencio y la contemplación.

“Aquí no vienes a ver, vienes a sentir. Cada altar es como caminar junto a Jesús en su dolor, pero también en su enseñanza”, añadió la entrevistada.

En una ciudad que durante estos días se llena de visitantes y actividades, la visita a los siete altares permanece como un acto íntimo, casi susurrado, que resiste al paso del tiempo. Es, en esencia, una tradición que no solo recorre templos, sino también la memoria y la fe de quienes la sostienen.

 

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