San Luis Potosí, SLP.- El Hospital Central de San Luis Potosí vuelve a colocarse en el centro de la conversación pública, pero no por su labor médica, sino por un episodio que exhibe fallas graves en la seguridad interna y el trato a usuarios.
La noche del domingo, una mujer resultó lesionada tras un altercado que, según versiones preliminares, se originó por presuntas conductas de acoso por parte de personal de vigilancia. Lo que comenzó como un reclamo escaló rápidamente a una confrontación directa cuando el esposo de la víctima intervino, derivando en un forcejeo con los guardias.
En medio de la tensión, uno de los elementos de seguridad habría arrojado un objeto contundente que impactó en la cabeza de la mujer, provocándole una herida que requirió atención inmediata. Paradójicamente, fue el propio hospital donde ocurrieron los hechos el que tuvo que atenderla, colocándole suturas y realizándole estudios para descartar daños mayores. Los gastos fueron cubiertos por el supervisor del área de vigilancia, en un intento por contener las consecuencias inmediatas del incidente.
Más allá del hecho aislado, el episodio revela un problema estructural, la fragilidad en los protocolos de actuación del personal de seguridad en un espacio que debería ser, ante todo, seguro. La empresa responsable, Sepiver S.A. de C.V., ha guardado silencio hasta el momento, sin ofrecer una postura clara sobre la actuación de sus elementos ni sobre posibles sanciones.
En contraste, la intervención de autoridades municipales derivó en la detención de uno de los vigilantes, señalado como probable responsable. Sin embargo, la ausencia de información oficial por parte de la empresa y del propio hospital deja más preguntas que respuestas.
Este nuevo episodio coloca al Hospital Central en “foco rojo”, no solo por la violencia registrada, sino por lo que simboliza, un espacio de atención médica donde la seguridad parece haberse vuelto un riesgo. La exigencia ahora no es solo esclarecer responsabilidades, sino replantear de fondo quién y cómo se garantiza la integridad de quienes acuden en busca de atención, no de agresiones.