Ante el extenso derrame de petróleo que afecta las costas del Golfo de México, que ocupa una mancha de más de 600 kilómetros y llega a playas de Tabasco, Veracruz y el sur de Tamaulipas, la posición oficial de la SEMAR ha sido que un buque petrolero habría descargado crudo de forma ilícita cerca de Coatzacoalcos. Sin embargo, especialistas en energía como Ramsés Pech sostienen que, dada la cantidad de crudo, es poco probable que esa sea la causa. Según sus análisis, el derrame podría provenir de una fractura o fuga en la red de ductos que conectan con Dos Bocas.
¿A quien creerle? Ante la falta de planes de contingencia transparentes y los antecedentes sobre la equivocada ubicación de la planta (bajo el nivel del mar), la percepción de que accidentes operativos podrían verterse al mar, es totalmente comprensible. La herencia controvertida y lastimosa de AMLO continúa.
Fue gracias a la insistencia de grupos de la sociedad civil, quienes difundieron imágenes satelitales en las que se muestra que el derrame comenzó desde principios de febrero, que ha sido posible confrontar las débiles argumentaciones oficiales. La sincronía de este daño ecológico, con una fuga de hidrocarburos que contaminaron el “Río Seco”, cercano a las instalaciones, junto con la muerte de cinco personas por el incendio ocurrido en la Refinería Olmeca, obligan a que el gobierno rinda explicaciones mas serias y puntuales.
En este contexto, en el otro extremo del país, surgió una noticia que movió las emociones de millones de personas. Cecilia Flores Armenta, fundadora del colectivo “Madres Buscadoras de Sonora”, anunció el hallazgo de los restos de su hijo Marco Antonio. En un desgarrador mensaje difundido en la Red X, escribió:
“Después de luchar contra todo, contra el olvido, contra la apatía, contra la tierra dura, seca por el sol que siempre estuvo ahí, dejando parte de nuestra sangre y piel, llorando para quitarnos el polvo que nos cegaba, porque no había tiempo, porque creía que con cada paso te iba a encontrar con vida, que llegaría a tiempo para protegerte, para abrazarte y darte los besos más bonitos que solo sabe dar una madre”
“Yo siempre supe que te encontraría, pasara el tiempo que pasara porque no tenía otro motivo en la vida, me robaron el miedo con tu ausencia, se llevaron mi cansancio con tus heridas”.
“Hoy localicé a mi niño en la carretera 26 km 46, en Hermosillo, Sonora y más que nunca se siente la fatiga. Abrazo tus restos, es lo que me queda, es lo que me dejaron”.
“Vámonos a casa hijo, de donde nunca tuviste que partir”.
Al leer este texto y releerlo, no puedo evitar que se nublen mis ojos. ¿Cómo es posible que una madre sufra la desgracia de tener a su hijo desaparecido, tener que buscarlo y encontrar solo restos incompletos de su cuerpo sin vida? ¿Cómo es posible que, en esta tierra mexicana, hayamos permitido que se construyera una fosa clandestina gigante? Cuanto dolor, cuanto sufrimiento, cuanta indiferencia.
No obstante, estoy consciente de que el hecho, también representa un rayo de esperanza para miles de familias que incansables, buscan a sus seres queridos. En México existen actualmente más de 250 colectivos de familiares, con presencia en 24 entidades federativas y que al mes de marzo representan unas 130 mil personas no localizadas. Las imágenes de Ceci Flores también representan que México es mucho más que su gobierno e instituciones fallidas.
El trabajo de esta amplia red de madres y padres buscadores, ha puesto al desnudo, en toda su magnitud, las raíces de este terrible fenómeno, donde participan miembros del crimen organizado, a menudo vinculados con agentes gubernamentales en todos sus órdenes. También, ha dado cuenta de la impunidad prevaleciente, donde las fiscalías raramente investigan. Por último, han dado nota del rezago extremo que prevalece en la identificación de restos humanos, con miles de cuerpos sin identificar en cementerios públicos y la localización masiva de fosas donde miles de cuerpos han sido sepultados. ¿Qué sabríamos de toda esta desgracia sin ellos?
La realidad cotidiana da muestras de las terribles distorsiones que representa el colapso del Estado mexicano. Sin embargo, también nos muestra el carácter y la entereza de quienes no se rinden ante la adversidad. No solo hay dolor. También, hay esperanza, cuando la sociedad mexicana toma consciencia y actúa.