No está llorando, incluso sonríe, va a trabajar, bromea, se ejercita y se mete a su cama después de cenar y charlar tranquilamente con los suyos, pero cuando cierra los ojos, el corazón energético duele casi físicamente, la angustia en el pecho, la tensión en los músculos, una tristeza profunda que ya se volvió parte de su cuerpo, su mente y su sistema nervioso le arden en todo su Ser. Nunca le contó a nadie que de pequeño le atacaron en grupo, con una crueldad diabólica.
¿Cómo es que puede caber tanto sadismo en las personas?, puede pensar mientras llora en silencio o ya no lo hace porque vive sin poder sentir. Depreda la gente rota que repite la violencia que vive en casa o que lleva en su sangre la información de perpetradores y víctimas, repitiendo las historias una y otra vez.
Ejercen la violencia seres que no pueden sentir empatía y otros que a su alrededor les obedecen a los depredadores en las torturas psicológicas, energéticas o sexuales a las víctimas, por miedo, por no ser los que siguen, porque también gozan con el dolor ajeno o porque están en una absoluta ignorancia e inconsciencia de los alcances que puede llegar a tener lo que está tan normalizado y muchas veces solapado por las autoridades de las instituciones o la familia.
En los estudios y prácticas sobre trauma, se ha comprobado que un trauma por un evento catastrófico de una sola vez, es algunas veces un poco más fácil de trabajar en la recuperación y la sanación, que uno que tenga que ver con el sufrimiento constante y gota a gota que sufre una persona en su familia, institución educativa o algún otro grupo social, como víctima de sus colaterales u otros adultos. Y es sumamente traumático ser violentado(a) física, emocional, psicológica, energética o espiritualmente, pero el vínculo por traición y luz de gas familiar, social, institucional o colectiva duele infinitamente a un nivel tan profundo, que, en ocasiones, la única salida que la persona rota ve es desaparecer de este mundo.
Porque enfrentarse a depredadores es duro, pero hacerlo en soledad, incomprensión y falta de apoyo es casi letal. Ser indiferentes ante el dolor de una víctima de violencia es lo que hace a este mundo un lugar que no acaba de lograr la paz y el salto a la nueva tierra, una en donde el sufrimiento pare por la firmeza de una conciencia y un acompañamiento genuino, uno de amor y compromiso. El dolor seguirá, así como la noche que sigue al día, pero el sufrimiento sí es algo que podemos transformar en sabiduría.
Hoy acompañé en terapia a un buen hombre que vivió severos daños en su alma por violencia grupal en la infancia, lo cual lo llevó al alcoholismo y con ello a un accidente terrible que le dejó parapléjico y sin poder mover sus manos. El origen de todo sufrimiento fue la violencia grupal y más tarde he visto la noticia de una chica española que luchó por que le dieran eutanasia, después de haber intentado muchas veces partir de este mundo y en uno de esos intentos quedó igual, de la misma forma, discapacitada y sin ganas de vivir. Ella ya se ha ido.
Y es posible que esta reflexión de carácter colectivo, nos empuje a hacer conciencia sobre el trauma complejo que es la lamentable consecuencia a la exposición repetida, constante y tormentosa a un estrés repetitivo por abuso. Si hay en tu Alma, en tu corazón un dolor profundo, recuerdos que vienen a tu mente como flashbacks dolorosos que irrumpen y duelen, vergüenza tóxica interiorizada, culpa, aislamiento, miedo, hipervigilancia entre otros sinsabores y sospechas que has sido víctima de violencia psicológica por parte de alguna de tus parejas, compañeros(as) de escuela, de trabajo, maestros(as), familiares, o cualquier otro ser humano que ha depositado en ti su frustración, es sumamente importante que lo mires.
Dale atención, escúchate, trabájalo. Busca a un(a) buen(a) terapeuta que tenga la empatía, la sensibilidad y el conocimiento sobre el tema para que tu sistema nervioso y tu salud en general vuelvan a la armonía.
Si sospechas que alguien de tus seres amados(as) incluyendo de otras especies, han sufrido de este horror y está traumatizado(a), acompáñale desde el amor a buscar ayuda. No lo dejes pasar, no mires hacia otro lado.
Cuando la maldad ha mordido a un alma noble, la recuperación es sistémica. Un sistema de apoyo es importante para que el alma regrese al cuerpo, para que el miedo deje de atormentar y la decepción por la humanidad se convierta en discernimiento. No te autodiagnostiques, pero sí explora en tu interior, para evitar más daño, en caso de haberlo. Padecer la depredación narcisista o psicopática en grupo o de un solo individuo, causa trauma, hacerlo en soledad y sin apoyo, credibilidad, validación y amor por parte de un grupo, dime, ¿Qué es lo que queda? Un alma rota.
Puedes mirar con amor tus ojos y decirte: “Veo y valido tu dolor, estoy de tu lado, estoy contigo, te amo, te cuido, te defiendo y te creo.” Y también puedes hacerlo con esa o esas personas que por fuera sonríen, funcionan, conviven pero que, en el fondo de tu corazón, sabes, que por dentro están rotas.
A veces un abrazo y una presencia plena, que es donde habita la luz Divina nos devuelve la fe y una ventana se abre, dejando entrar la luz, poco a poco, otra vez.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.