San Luis Potosí, SLP.- El principal origen de las fugas de gas en la zona metropolitana no está en las empresas distribuidoras, sino dentro de los propios hogares. Así lo advirtió el comandante del Cuerpo de Bomberos, Adolfo Benavente Duque, quien señaló que la práctica recurrente de retirar y reinstalar cilindros portátiles se ha convertido en el factor de mayor riesgo.
De acuerdo con el funcionario, la dinámica de recargas frecuentes —generalmente semanales y de bajo costo— ha propiciado un desgaste acelerado en válvulas, conexiones y estructuras de los tanques. Este constante “quita y pon” no sólo debilita los componentes, sino que incrementa significativamente la probabilidad de fugas, convirtiendo una práctica cotidiana en un peligro latente.
A este problema se suma la falta de mantenimiento preventivo y las condiciones inadecuadas en las que muchos cilindros son almacenados. Espacios húmedos, áreas poco ventiladas o superficies inestables favorecen la corrosión y el deterioro del metal, lo que termina por comprometer la seguridad de las familias.
Las cifras recientes reflejan la magnitud del problema. Tan solo el mes pasado, el cuerpo de bomberos atendió 179 reportes por fugas de gas, y cerca de 100 estuvieron directamente relacionados con tanques en mal estado. Esta situación derivó en tres explosiones dentro de viviendas, una de ellas con una persona lesionada por quemaduras en brazos y rostro.
Benavente Duque fue enfático al señalar que, en estos casos, no se pudo atribuir responsabilidad a empresas gaseras, ya que los incidentes estuvieron vinculados exclusivamente a cilindros manipulados por los propios usuarios.
Ante este panorama, el comandante hizo un llamado a modificar hábitos arraigados en la población. Recomendó optar por servicios directos con empresas distribuidoras para asegurar instalaciones adecuadas, así como realizar revisiones periódicas o, en su caso, sustituir equipos deteriorados por cilindros certificados.
La advertencia es clara, el riesgo no está fuera, sino en prácticas domésticas que, aunque comunes, están detonando una creciente incidencia de fugas y accidentes en la zona metropolitana.