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Contaminantes en el agua de SLP reducen el coeficiente intelectual infantil

Especialistas del Grupo Universitario del Agua detectaron la presencia de diversos contaminantes en el agua subterránea, entre ellos flúor, arsénico y de forma creciente uranio

San Luis Potosí, SLP.- La calidad del agua que consumen miles de familias potosinas se ha convertido en un foco de preocupación urgente, especialmente por sus posibles efectos en la salud y el desarrollo de la niñez. Investigaciones recientes del grupo Universitario del agua de la UASLP advierten que el problema no solo es ambiental, sino también social, al impactar directamente en las capacidades cognitivas y físicas de las nuevas generaciones.
 
Especialistas del Grupo Universitario del Agua detectaron la presencia de diversos contaminantes en el agua subterránea, entre ellos flúor, arsénico y, de forma creciente, uranio. Esta combinación de elementos representa un riesgo acumulativo que puede afectar órganos vitales como los riñones, pero también incidir en el desarrollo neurológico de los niños, incluso antes de nacer.
 
Uno de los aspectos más delicados es la relación entre estos metales pesados y la disminución en el coeficiente intelectual infantil. El especialista Fernando Díaz Barriga , investigador de la UASLP, advierte que la exposición constante, desde la gestación, puede limitar el aprendizaje, la concentración y, a largo plazo, las oportunidades educativas y laborales de quienes crecen consumiendo esta agua.
 
El problema se agrava al considerar que la contaminación ya no se limita a componentes naturales del subsuelo. Estudios recientes evidencian que agentes externos están logrando infiltrarse en los acuíferos profundos, lo que antes funcionaba como una barrera natural. Nitratos derivados de fertilizantes, bacterias provenientes de aguas residuales y microplásticos generados por la quema de basura han sido detectados en una proporción significativa de pozos.
 
Esta situación implica que el agua, incluso aquella extraída de grandes profundidades, ya no es garantía de seguridad. En al menos uno de cada diez pozos monitoreados se han identificado estas filtraciones, lo que incrementa la exposición de la población a sustancias potencialmente dañinas.
 
Ante este escenario, investigadores han hecho un llamado para replantear prioridades y colocar el tema del agua en el centro de las decisiones públicas. Señalan que más allá de obras visibles, se requiere invertir en soluciones que protejan la salud, como sistemas avanzados de filtración —entre ellos la ósmosis inversa— y un monitoreo constante en los puntos de distribución.
 
El deterioro del agua no solo representa un problema de hoy, sino una amenaza directa al futuro. En una entidad donde el acceso al vital líquido es cotidiano, la calidad con la que llega a los hogares podría estar marcando, desde ahora, el destino de toda una generación.
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