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SanArte: Amistad

Es verdad que experimentamos la constante transformación. Que no podemos ser los(as) mismos(as) siempre, que las circunstancias de nuestros destinos van esculpiendo el carácter, la energía y la forma de afrontar o disfrutar la vida. Por eso, al referirnos a nuestros(as) amigos(as) podemos mirar interiormente y expresarnos de ellos(as) en pasado. He escuchado mucho en las consultas terapéuticas: “Ya no tenemos nada en común” “No tenemos nada de qué hablar”, “Nuestros caminos se separaron”, “Ya no encajo con Él, Ella o el grupo” Y sí.
 
Con el tiempo vamos eligiendo distintos matices, ideologías, energías, estilos de vida y formas muy diferentes de ver el mundo. Algunas personas deciden a nivel conciente o inconsciente ir por caminos que pueden lastimar a sus allegados. Otros tantos pueden ser víctimas no reconocidas que van desapareciendo lentamente sin contar su secreto a nadie.
 
En ocasiones la enfermedad, primero energética y finalmente física arranca a las personas del planeta, llevándose en secreto su gran dolor. Y de pronto nos enteramos que aquel o aquella buen(a) amigo(a) de la infancia o primera juventud, ya no está más en la tierra. Pero la verdadera amistad no termina con la transformación, con el cambio o con la muerte. ¿Cuál o de que material psíquico es el que une a dos personas en amistad?
 
El amor. Y el verdadero amor es realmente atemporal, permanente, eterno y puro. El problema con esto es que profesarnos amor a nosotros(as) mismos(as) es a veces una odisea. Conlleva un gran camino de asunción, de alquimia de transmutación.
 
Y si es que decidimos no hacer ese trabajo interno de amigarnos con nuestra propia existencia, cuerpo, alma, mente, emociones, circunstancias y defectos, ¿Cómo lo podríamos hacer con alguien más? Sería hermoso y para nada egoísta contestar en primera persona cuando te preguntan sobre tu mejor amigo(a). ¿Cuentas contigo? ¿Te escuchas, apoyas, acompañas, ayudas, consientes, comprendes y defiendes a ti mismo(a)?
 
Si la respuesta es afirmativa, entonces, no vas a conformarte con falsas amistades. Y ¿Cómo saber cuándo estás padeciendo una de éstas? Cuando hay deslealtad. Es así de simple. La lealtad es compromiso, respeto, honestidad y sobre todo es el antónimo de traición.
 
¿Cómo se traiciona a un(a) amigo(a)? Si pudiendo hacerlo, decidir no estar en sus alegrías, sobre todo en sus triunfos, sus victorias, sus momentos de brillo. Porque la envidia es pura separación, es un veneno que condena cualquier relación, a la putrefacción.
 
¿Qué acaso no es la mayor prueba de amor y lealtad fraterno aplaudir los logros de tu amigo(a)? Sentir un orgullo (no en forma peyorativa, sino que, todo lo contrario) porque esa persona está protagonizando. Pero para lograr esto, la empatía es imprescindible. No hay un egoísta que realmente pueda ser un(a) buen amigo(a).
 
No hay un egocentrista capaz de correr al lado de su amistad cuando ha tenido una pérdida o está sufriendo. Hay que estar conectados al corazón, a la fuente infinita de amor y luz para poder decir: “Tu dolor me duele” Cuando dos Almas se amigan, la conexión queda establecida, a pesar de la distancia física o temporal. El cariño es un árbol que sigue creciendo en silencio.
 
No importa que esas dos personas hayan caminado hacia senderos distintos; son amigos(as) y se respeta, se aman y se acompañan a pesar de todo. Por eso, no es fácil llamar a cualquier persona amigo(a), porque tal vez tiene más que ver con una conexión espiritual que nos viene dada del cielo y que nos deja la tarea de cuidar ese vínculo.
 
Si no somos capaces de defender el nombre de nuestros(as) amigos(as) a sus espaldas o frente a otros, cuidar sus sentimientos, su corazón, aceptarle en sus defectos y hablarle con una verdad justa calibrada en el corazón, entonces no hay lealtad y sin ello ¿De verdad es una amistad? No.
 
Puede ser otra cosa, pero la amistad es algo sagrado. Tenemos muy estereotipada la amistad con personas de la misma edad, cuando los amigos y amigas pueden ser de edades muy disimiles e incluso tener amigos(as) de otras especies. No en vano le llaman a los(as) perritos(as), el/la mejor amigo(a) del humano. Y es que lo es. ¿Por qué? Porque no hay Ser en el planeta más leal que esa bendita especie.
 
Un(a) amigo(a) te protege, te es fiel, te acompaña, te consuela y te ama. Es un(a) hermano(a) álmico(a). ¿De quién has sido verdaderamente un(a) amigo(a)? ¿Quién lo ha sido contigo? El arquetipo del(la) amigo(a) es muy parecido a un ángel.
 
Poder confiar en alguien, vivir una divertida complicidad, reír a carcajadas, abrazarle orando al cielo que su dolor cese, compartir profundas reflexiones y sobre todo crear juntos es una de las maravillas de la existencia. Deseo que seas bendecido(a) con buenas amistades, compañeros(as) amables que abracen tu espíritu y te acompañen en tu sendero.  Y yo querido(a) amigo(a) te doy un lugar en mi corazón. 
 
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.
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