San Luis Potosí, SLP.- El hartazgo finalmente reventó. Vecinos de al menos diez colonias del norte de la capital potosina —entre ellas Los Limones, Forestales, El Mezquital y Rosedal— tomaron una de las decisiones más drásticas, bloquear la carretera a Zacatecas y el Periférico Norte para exigir lo que debería ser un derecho básico, no una lucha constante, agua potable.
La protesta no es un arrebato ni una exageración. Es la consecuencia de casi una década de abandono institucional. “Tenemos nueve años sin agua”, denunció una de las afectadas, dejando al descubierto una realidad que contradice cualquier discurso oficial de eficiencia. Nueve años en los que el servicio ha sido inexistente, intermitente o sustituido por promesas vacías que nunca se concretan.
El señalamiento directo recae sobre el INTERAPAS, organismo que, lejos de resolver, ha normalizado la precariedad. Los colonos acusan que las respuestas se limitan a paliativos mal ejecutados, pipas insuficientes, entregas irregulares y una logística que no alcanza ni para cubrir lo mínimo. Una sola pipa por calle, dicen, es una burla frente a la necesidad de familias enteras que dependen del agua para sobrevivir.
Pero la indignación crece aún más cuando se revisa el costo de esta omisión. Cada semana, las familias desembolsan hasta 700 pesos para abastecerse por su cuenta, además de pagar recibos que superan los 350 pesos por un servicio que simplemente no existe. Es decir, pagan dos veces por el agua, una al organismo que no cumple y otra al mercado informal que cubre la emergencia.
El mensaje de los vecinos es claro, no se moverán hasta que haya soluciones reales, no discursos reciclados. La protesta no solo bloquea una vialidad; exhibe el colapso de un sistema que ha fallado durante años. Mientras INTERAPAS guarda silencio o responde con parches, miles de ciudadanos siguen atrapados en una crisis que ya dejó de ser técnica para convertirse en un símbolo de negligencia y abandono.