San Luis Potosí, SLP.- El reciente episodio de una pinta no autorizada en el Pasaje del Puente Othón reavivó un debate que en San Luis Potosí parece no cerrarse, ¿dónde termina la expresión urbana y dónde comienza el daño al patrimonio colectivo? La difusión del video, protagonizado por un joven que intervino una pared previamente trabajada, encendió no sólo la crítica institucional, sino también el rechazo de la propia comunidad artística.
Desde la Dirección de Servicios Municipales, su titular, Christian Azuara Azuara, condenó el hecho y subrayó un elemento que no pasó desapercibido, el responsable no es originario del estado. Más allá de su procedencia, lo que generó mayor molestia fue la intervención sobre un espacio que ya había sido intervenido por artistas locales, quienes dedicaron semanas a consolidar una obra avalada dentro de los esquemas municipales.
El funcionario evitó centrar el protagonismo en el autor del grafiti, al considerar que este tipo de acciones suelen buscar visibilidad mediática. Sin embargo, enfatizó que incluso entre quienes practican el arte urbano existe un código no escrito de respeto hacia el trabajo ajeno, el cual, en este caso, fue claramente vulnerado.
En contraste con estas acciones, el Ayuntamiento ha impulsado estrategias para canalizar la creatividad juvenil a través de iniciativas como “Expresión Capital”, un programa que busca abrir espacios formales para muralistas y creadores urbanos. Bajo este esquema, se han tejido colaboraciones que incluyen desde la asignación de muros hasta el apoyo con materiales, en algunos casos mediante alianzas con empresas e instituciones educativas.
Aunque las autoridades aseguran que el grafiti vandálico ha disminuido en el primer cuadro de la ciudad durante la actual administración, reconocen que la problemática persiste en zonas periféricas. Ahí, el reto continúa siendo equilibrar la libertad de expresión con el respeto al entorno, en coordinación con corporaciones de seguridad.
El mensaje institucional es claro, la expresión artística no está en disputa, pero sí las formas. En una ciudad que busca proyectar su imagen a nivel internacional, la diferencia entre arte y deterioro urbano no solo es estética, sino también una cuestión de identidad y convivencia.