Lejos de plantearse como una persecución contra quienes participaron en las movilizaciones del 8 de marzo, la intervención federal por los daños al Templo de la Compañía ha sido presentada por la Iglesia Católica potosina como un paso administrativo necesario para poder reparar un inmueble histórico. El señalamiento busca desmarcar el proceso legal de cualquier intento de deslegitimar la protesta social.
Desde el Arzobispado se ha explicado que, tratándose de un edificio catalogado como patrimonio nacional, cualquier afectación material activa automáticamente un procedimiento jurídico de carácter federal. Este mecanismo no es opcional, forma parte de los requisitos legales para que las autoridades especializadas puedan intervenir y evaluar el estado del inmueble.
En este sentido, la denuncia interpuesta abre la puerta a que instancias técnicas realicen peritajes detallados que permitan dimensionar los daños. Solo a partir de estos estudios es posible gestionar recursos, particularmente aquellos provenientes de seguros destinados a la conservación de bienes históricos. Sin este paso, los costos de restauración tendrían que ser absorbidos directamente por la comunidad o por quienes administran el templo.
La postura eclesiástica subraya que respaldar causas sociales no está reñido con la obligación de proteger espacios con valor histórico y cultural. Más allá de su función religiosa, el recinto afectado forma parte del patrimonio colectivo, lo que implica una responsabilidad adicional en su conservación.
Por ahora, el caso se mantiene en una fase técnica, especialistas analizan la magnitud de las afectaciones en la fachada y accesos del templo, cuyo deterioro requiere intervenciones cuidadosas debido a la antigüedad de sus materiales. El avance de la restauración dependerá de estos dictámenes, así como de la activación de los mecanismos financieros que permitan devolver al inmueble su estado original.