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La pornografía en el celular, una realidad cada vez más común entre adolescentes

El acceso a la pornografía entre adolescentes ocurre cada vez a edades más tempranas, muchas veces de forma accidental a través de teléfonos móviles, redes sociales o aplicaciones de mensajería. Expertos advierten que esta exposición temprana refleja vacíos en la educación sexual y plantea nuevos desafíos para familias y autoridades.

“No me acuerdo de cuándo fue la primera vez, quizá en tercero o cuarto de primaria”, cuenta Lucía, una joven de 17 años de Cádiz, al recordar su primer contacto con contenido pornográfico. Carolina, también de 17 años y de la misma ciudad, comparte una experiencia similar: “Hace muchísimos años. Creo que alguien me mandó un sticker o algo así”.
 
Como ellas, muchos adolescentes recuerdan ese primer acercamiento de forma difusa. Lo que sí parece claro es el medio: casi siempre ocurre en la pantalla de un teléfono móvil, propio o de algún amigo, y a través de redes sociales o aplicaciones de mensajería.
 
El acceso de los menores a la pornografía se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de padres y educadores. Con el auge de los smartphones y el acceso permanente a internet, el umbral de exposición se ha reducido considerablemente. “A lo mejor fue viendo vídeos que te aparecen en alguna red”, dice María, de 16 años y de Valencia. Joan, de 16 y de Tarragona, recuerda que a él se lo enseñó “algún amigo mayor”.
 
Estas reflexiones forman parte de un encuentro en línea con 11 adolescentes del programa Cibercorresponsales, impulsado por la organización Plataforma de Infancia para fomentar la participación juvenil en temas actuales.
 
En ese diálogo, los jóvenes coincidieron en que el contenido sexual aparece con frecuencia en su entorno digital. “Recuerdo que un amigo subió una historia en Instagram pidiendo que dejaran de darle ‘like’ a cosas guarras porque luego le aparecían a él”, comenta Iker, de 16 años y de Madrid.
 
Un acceso cada vez más temprano
Los estudios muestran que la exposición a la pornografía comienza cada vez antes. Según la encuesta EU Kids Online España (2025), el 18,2% de los adolescentes reconoce haber visto este tipo de contenido y un 6,3% afirma consumirlo de forma habitual.
 
Otra investigación sobre adolescencia y bienestar digital, elaborada por Red.es, Unicef y la Universidad de Santiago de Compostela, sitúa la cifra en el 29,6% de los estudiantes. El estudio también señala que el contacto aumenta con la edad: mientras que el 7,2% de alumnos de primaria afirma haber visto pornografía, el porcentaje asciende al 55,7% entre estudiantes de bachillerato.
 
La edad media del primer contacto ronda los 11,5 años y, en aproximadamente uno de cada tres casos, ocurre de manera accidental.
 
Ese primer acceso no siempre implica ver vídeos explícitos: puede tratarse de un sticker, una imagen o un gif compartido en un grupo de mensajería. Lucía, de 13 años y de Madrid, recuerda que la primera vez fue en un chat de clase: “Abrí el móvil para ver los deberes y empezaron a salir un montón de stickers. Fue un shock”.
 
Normalización y diferencias de edad
Con el tiempo, muchos adolescentes dicen haberse acostumbrado a la presencia de este contenido en los grupos digitales. “Cuando era pequeña me molestaba más, pero ahora lo tengo bastante normalizado”, comenta Carolina, de 17 años. Lucía coincide: “Molesta, pero al final ya da un poco igual”.
 
Los propios jóvenes señalan que el consumo suele ser más frecuente entre chicos que entre chicas. “En mi clase los chicos hablan de eso todo el tiempo”, explica Lucía. Martina, de 14 años y de Guadalajara, describe una situación similar: “Entre las niñas casi nadie lo consume, pero de los niños creo que todos”.
 
La difusión también puede darse en plataformas sociales o en comentarios de publicaciones, donde el contenido sexual aparece de forma indirecta o disfrazada.
 
Curiosidad y educación sexual
Especialistas señalan que muchos adolescentes recurren a la pornografía por curiosidad o para comprender aspectos de la sexualidad que no se abordan en otros espacios. “A veces lo hacen para resolver dudas o para no quedarse fuera de conversaciones con sus amigos”, explica Raúl Useros, técnico de participación infantil de Plataforma de Infancia.
 
Sin embargo, expertos advierten que utilizar este tipo de contenido como referencia puede generar ideas distorsionadas sobre las relaciones sexuales. “Existe un gran vacío en la educación sexual de los adolescentes”, señala Pilar Escudero, también técnica de la organización.
 
Los jóvenes mayores, por su parte, reconocen que con el tiempo desarrollan una visión más crítica. “Cuando creces te das cuenta de que no todo es así”, reflexiona Carolina. Joan, que está a punto de cumplir 17, coincide: “Yo no aprendí de ese contenido, aprendí experimentando. A mí no me ayudó”.
 
 
 
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