El dolor nos avisa que seguimos vivos y que algo no está fluyendo con la energía del todo.
El cuerpo físico, nos está metaforizando todo el tiempo a través del lenguaje del inconsciente, hacia donde hay que mirar para derribar obstáculos o bien simplemente rodearlos y seguir adelante, hacia la vida. También el cuerpo emocional nos hacer ver, cuando estamos estancados energéticamente, porque podríamos guardar una o varias emociones dentro de nosotros que acumuladas causan un malestar y un padecer que nos grita que necesitamos urgentemente expresar a través de la palabra, la creatividad o la fiscalidad, aquello que no está dicho. También la mente se sobrecarga de pensamientos, creencias limitantes y conflictos no resueltos que son a su vez, preguntas sin respuesta.
Entonces, si estamos atentos a las sensaciones corporales, al estadío emocional y al discurrir de los pensamientos, en una atención plena, podremos escuchar que es lo que necesitamos y de quien. Después de amarnos a nosotros mismos atendiendo a nuestro Ser, es importante desbloquear los impedimentos que nos llevan a la sana humildad de pedir ayuda. Servir es un don del Alma.
El flujo mágico y natural del dar y tomar en equilibrio todo lo sana y todo lo acomoda.
Por eso mismo, sentir vergüenza, orgullo o cualquier otro impedimento interior a la hora de solicitar un apoyo de un otro, es un lamentable y seguro estancamiento.
Es posible que no nos atrevamos a pedir ayuda porque en el pasado lo hicimos muchas veces sin obtener ni respuesta y tampoco una mano compasiva, o, al contrario, nos hemos apropiado la narrativa de que poder solo(a) con todo es una gran virtud, digna de reconocimiento y aplauso masivo. Y con esto no hago referencia a la dependencia limitante, ni a la sumisión y por supuesto, menos a alejarse de la bendita autonomía que nos da dignidad y alas. Podemos ser autónomos e interdependientes, es decir, tener la certeza de que somos uno(a) entre multitudes, claro, con grandes talentos, dones y una esplendorosa autenticidad, pero no podemos abarcar todos los saberes, ni los conocimientos, ni las habilidades en una totalidad.
En realidad, cohabitamos en un equipo y múltiples sistemas colaborativos en todo momento. Todos necesitamos de los demás. Y pedir ayuda de forma ordenada, a la persona o personas correctas y adecuadas, con la disposición y gratitud de recibir, da cuenta de nuestra humildad.
Si aceptamos recibir la ayuda sincera de los demás, estamos preparados para dar nuestro servicio y una ayuda saludable a nuestros semejantes de todas las especies y reinos. Entonces, lo primero es escucharme con atención plena para localizar mis necesidades, después encontrar la ayuda adecuada con humildad y recepción y después retribuir energéticamente con gratitud y no con culpa.
Porque si entendemos que servir es placentero, pues somos unidad, le estamos dando la oportunidad al otro de compartir sus dones al mundo. Cuando estamos de lado de quienes ayudan, hay que saber que el respeto es fundamental para una adecuada colaboración, apoyo o rescate de ser necesario. Si sabemos ayudarnos a nosotros(as) mismos(as) podremos hacerlo con los demás sin invadir o invalidar a quien nos solicita.
Es decir, dar de más, con sacrificio y reclamo nos coloca en la usura energética. Por eso doy lo que tengo, no lo que me falta. No me permito a mí mismo(a) dejar en deuda al otro. Cuando no me es posible ayudar, puedo decir que no y brindar a mi fraterno(a) una bendición espiritual, que es mucho. Si el otro no me pide ayuda, respeto sus decisiones internas, porque muchas veces Él o Ella están eligiendo no pedir ayuda, pero a veces, por ejemplo, con los inocentes, los vulnerables, las víctimas y los imposibilitados, es verdad que ellos(as) no pueden pedir ayuda, pero la necesitan con urgencia.
Personas en las que se ha deteriorado su salud mental, que han perdido el rumbo, o viviendo situaciones adversas de las que no pueden salir y lo único que necesitan es una mano amiga o varias para salir adelante e ir de nuevo hacia la luz y la vida.
Aveces el cielo nos coloca en el lugar y hora adecuadas para socorrer a alguien, persona humana o no humana, perritos, gatitos, plantas que están en riesgo para ensanchar nuestro corazón e inclinarnos hacia el amor del Espíritu creador.
¿Quiénes han sido tus Ángeles? ¿A quién has socorrido? ¿Qué tanta ayuda te has brindado últimamente a ti misma(a)? Yo deseo para ti, que siempre que necesites ayuda, el cielo te brinde el calor del consuelo, la protección ante cualquier peligro, la medicina adecuada para volver a la armonía, la sabiduría y el amor que te regresen tu hermosa sonrisa y la alegría de vivir.
Gracias por caminar juntos
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.