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Comités ciudadanos y cadetes frente al reto de la seguridad en la capital

En la antesala del festival San Luis en Primavera y de la tradicional Procesión del Silencio, el edil asegura que no observa “riesgos extraordinarios” en su agenda

San Luis Potosí, SLP.- Tras su encuentro con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, el alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos, volvió a colocar el tema de la seguridad pública en el centro del discurso previo a la temporada turística más importante del año. En la antesala del festival San Luis en Primavera y de la tradicional Procesión del Silencio, el edil asegura que no observa “riesgos extraordinarios” en su agenda y que el operativo será el habitual de cada Semana Santa.
 
El mensaje, sin embargo, llega acompañado de un anuncio que pretende marcar diferencia, la participación de las nuevas cadetes mujeres de la policía municipal, denominadas “centinelas”, quienes tendrán en este evento su primera gran prueba operativa. La apuesta del gobierno municipal es clara, colocar a estas jóvenes en el centro de la estrategia de vigilancia durante los días de mayor afluencia turística.
 
La narrativa del alcalde busca transmitir control y confianza. Galindo insiste en que la capital cuenta con un sistema de participación ciudadana robusto, integrado por más de 800 comités de seguridad vecinal. A estos grupos los ha definido incluso como su “arma secreta”, una expresión que refleja la intención de mostrar un modelo de vigilancia comunitaria como complemento de la fuerza policial.
 
Sin embargo, el planteamiento abre preguntas inevitables. Que la seguridad dependa en gran medida de redes ciudadanas puede interpretarse como una estrategia de cercanía social, pero también evidencia los límites estructurales de las corporaciones policiales locales. Los comités pueden alertar y prevenir, pero no sustituyen la capacidad operativa del Estado frente a delitos de mayor impacto.
 
Algo similar ocurre con la expectativa colocada sobre los cadetes centinelas. Su participación simboliza una apuesta por renovar la imagen de la policía y fortalecer la presencia femenina en tareas de seguridad pública, un avance necesario. No obstante, también implica poner bajo los reflectores a una generación de agentes que apenas comienza su formación operativa, en un escenario de alta visibilidad como lo es la Semana Santa potosina.
 
El discurso oficial intenta proyectar tranquilidad, turistas, festivales y tradición religiosa conviviendo bajo un dispositivo “normal”. Pero en una ciudad donde la seguridad se ha convertido en uno de los principales temas de debate público, la normalidad ya no basta como argumento político.
 
La verdadera prueba para el gobierno municipal no será solo que el festival transcurra sin incidentes, sino demostrar que su modelo de seguridad —basado en participación ciudadana, nuevos cuadros policiales y operativos temporales— puede sostenerse más allá de los días de fiesta. Porque si los comités son el “arma secreta”, la pregunta de fondo sigue abierta, ¿qué tan sólida es la estrategia cuando se apagan los reflectores de los festivales?
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