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El país que seremos: la dignidad de nuestros adultos mayores

Opinión

El espejo del futuro

Hay una frase que encierra una verdad profunda: tratar bien a los adultos mayores es tender un puente por el que algún día habremos de cruzar. La vejez no es un destino ajeno; es el futuro natural de toda sociedad. Por eso, la forma en que un país cuida a sus personas mayores dice mucho sobre su calidad humana y su madurez institucional.

México está entrando en una transición demográfica acelerada. Según datos del INEGI, más de 17 millones de personas en México tienen 60 años o más, lo que representa aproximadamente 13 % de la población nacional. Las proyecciones del CONAPO estiman que para el año 2050 esa proporción podría superar el 25 % de la población.

En otras palabras: el país está envejeciendo.

La realidad que no siempre vemos

La vejez, sin embargo, no siempre llega acompañada de dignidad. De acuerdo con estudios del INEGI y del Instituto Nacional de Geriatría, cerca de 3 de cada 10 personas adultas mayores han experimentado algún tipo de violencia o maltrato, que puede ir desde abandono y negligencia hasta violencia psicológica, económica o física.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares ha documentado que muchos de estos casos ocurren dentro del propio entorno familiar. A ello se suma otro fenómeno silencioso: la exclusión social y económica que enfrentan muchas personas mayores cuando pierden oportunidades laborales o acceso a servicios adecuados.

Detrás de cada cifra hay una historia que nos interpela como sociedad.

Las políticas públicas que han buscado responder

Frente a esta realidad, México ha impulsado diversas políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones de vida de este sector. Entre las más relevantes destaca la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, que hoy beneficia a millones de personas en todo el país y representa uno de los programas sociales de mayor cobertura.

A nivel institucional también se creó el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), encargado de promover políticas de inclusión, acceso a servicios y programas de integración social.

En estados como San Luis Potosí, además, se han impulsado centros comunitarios, programas de atención integral, actividades culturales, espacios recreativos y programas municipales orientados a mejorar la calidad de vida de este sector.

Son avances importantes que reflejan una creciente conciencia pública sobre la necesidad de atender a quienes han construido el país que hoy habitamos.

El dato jurídico que protege su dignidad

La protección de las personas adultas mayores también tiene sustento jurídico. La Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, vigente a nivel federal, reconoce su derecho a la salud, alimentación, trabajo digno, seguridad social, participación social y protección contra cualquier forma de violencia o discriminación.

Además, el artículo 1º de la Constitución mexicana establece el principio de igualdad y prohíbe toda forma de discriminación por edad. A nivel internacional, la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, adoptada por la OEA, refuerza estos principios y obliga a los Estados a generar políticas públicas para garantizar una vida digna en la vejez.

La ley es clara: envejecer no debe significar perder derechos.

El reto que viene

El verdadero desafío no está solo en los programas actuales, sino en el futuro que estamos construyendo. México necesita avanzar hacia una política integral de envejecimiento digno: sistemas de salud especializados, ciudades más accesibles, oportunidades laborales flexibles, sistemas de cuidados y una cultura social que valore la experiencia de quienes han recorrido más camino.

En muchos países europeos, por ejemplo, se han desarrollado sistemas integrales de cuidados y envejecimiento activo, donde las personas mayores continúan participando activamente en la vida social, económica y comunitaria.

Ese modelo no solo mejora su calidad de vida; fortalece la cohesión social.

La responsabilidad también es social

Más allá de las leyes y programas, existe una responsabilidad que nos corresponde a todos. Respetar, escuchar y acompañar a las personas mayores no es un gesto de caridad; es un acto de justicia.

Los adultos mayores no son una carga social. Son memoria, experiencia y sabiduría acumulada. Son quienes construyeron las instituciones, las ciudades y las oportunidades que hoy disfrutamos.

Una sociedad que olvida a sus adultos mayores termina olvidándose a sí misma.

Para observar en la semana

El debate sobre políticas públicas para adultos mayores seguirá creciendo conforme avance la transición demográfica en México. Cada vez será más importante analizar cómo se financian los sistemas de pensiones, cómo se organizan los sistemas de cuidados y cómo se integran a la vida social quienes superan los 60 años.

El desafío no es solo económico; es cultural.

El puente que todos cruzaremos

El trato que hoy damos a los adultos mayores define el país que seremos mañana. Cuidarlos no es únicamente una política pública, es una decisión moral y colectiva.

Porque ayudar a una persona mayor no es solo un acto de solidaridad.
Es tender un puente por el que, tarde o temprano, todos habremos de pasar.

 

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