San Luis Potosí, SLP.- La jornada del 8 de marzo dejó en San Luis Potosí un escenario que abrió nuevamente el debate entre la protesta social y el respeto a los espacios religiosos. Tras los daños registrados en templos del Centro Histórico durante la marcha del Día Internacional de la Mujer, el arzobispo de San Luis Potosí, Jorge Alberto Cavazos Arizpe, expresó su pesar por los hechos, aunque también reconoció que el fondo de las manifestaciones responde a una exigencia legítima de justicia por parte de miles de mujeres.
En un mensaje dirigido a la comunidad católica, el prelado lamentó que la Catedral Metropolitana y la Capilla de Loreto resultaran afectadas con actos vandálicos e incluso con fuego en una de sus puertas. Afirmó que para la Iglesia estos hechos representan una profanación de espacios considerados sagrados por los fieles.
No obstante, el arzobispo fue enfático en señalar que el dolor por los daños materiales no puede eclipsar el trasfondo de la protesta. “La violencia no sana la violencia”, sostuvo, al advertir que ninguna causa debería terminar en confrontación o destrucción. Aun así, reconoció que detrás de estas manifestaciones existe un reclamo profundo por la inseguridad y la violencia que viven las mujeres.
“Lamentamos profundamente tanta violencia contra las mujeres y reiteramos que su causa es una exigencia de justicia que no puede postergarse”, expresó Cavazos Arizpe, al tiempo que llamó a las autoridades y a la sociedad a no minimizar el grito de quienes salen a las calles a exigir un alto a los feminicidios y desapariciones.
En su pronunciamiento, el líder religioso también recordó que la marcha estuvo integrada por diversos colectivos, entre ellos madres buscadoras, mujeres víctimas de violencia y familiares de feminicidio, quienes salieron —dijo— “con dignidad y valentía” para visibilizar lo que aún falta por resolver.
Desde su perspectiva, la defensa de los templos y la defensa de la dignidad de las mujeres no deben verse como causas opuestas. “Defender un templo y defender a una mujer no son causas contrarias. Ambas exigen respeto”, subrayó.
El posicionamiento de la Iglesia potosina también se suma al emitido por la Conferencia del Episcopado Mexicano, que lamentó los hechos ocurridos en distintas partes del país durante las movilizaciones del 8M, particularmente los ataques a templos.
El organismo nacional condenó los incendios y daños contra recintos de oración —como el registrado en la puerta del templo de La Compañía en San Luis Potosí— y reiteró que la violencia no puede ser el camino hacia la paz. Sin embargo, también reconoció que estas expresiones de protesta surgen de una realidad marcada por la violencia que enfrentan miles de mujeres en México.
Para la jerarquía católica, el desafío de fondo sigue siendo construir una respuesta real ante esa crisis. El propio monseñor Cavazos Arizpe sostuvo que la defensa de las mujeres no puede quedarse en discursos ni pronunciamientos ocasionales, sino que debe traducirse en prevención, atención a las víctimas, investigación y castigo a los agresores.
Mientras tanto, el mensaje del arzobispo deja ver una postura que intenta moverse entre dos tensiones, condenar los daños a los templos, pero al mismo tiempo reconocer que el enojo social que estalló durante el 8M tiene raíces profundas que la sociedad y las autoridades aún no han logrado atender.