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Sólo en marzo, solamente en el 8M

De San Luis y otros demonios

Ya es un clásico que el tercer mes del año, las fachadas de las instituciones públicas en San Luis Potosí se iluminan de rosa. Los discursos oficiales se llenan de palabras como "empoderamiento", "equidad", "reconocimiento", y hasta un descuidado "cuidar ", sin embargo, detrás de la jocosa parafernalia institucional, la realidad de la mujer potosina en la esfera pública sigue marcada por una estructura que se caracteriza por cumplimiento y compromiso  antes que como tomadoras de decisiones.

Es cierto, las leyes nos dicen que hoy tenemos paridad. Pero en la práctica, San Luis Potosí padece de un poder relegado. A las mujeres se nos entregan direcciones de "cuidado" o áreas de asistencia social, mientras que las carteras donde se maneja el presupuesto real, la seguridad y la infraestructura —el verdadero músculo del Estado— siguen siendo un club de Toby, volteamos a los Municipios y así es, el Ejecutivo también,  y aunque la Federación está encabezada por una mujer, los hilos son tejidos por hombres.

No basta con llenar una silla si no se tiene la autonomía para mover la pluma. A las mujeres se les permite estar, pero a la hora de mandar es otra cosa,  sí o sí se requiere el "visto bueno" de una figura masculina.

Nuestra herida sigue abierta,  las instituciones potosinas han fallado sistemáticamente.  Agresores  gozan de una impunidad, no se puede hablar de un San Luis Potosí "a favor de la mujer" cuando los protocolos contra el acoso son simples hojas de papel que terminan revictimizando a la denunciante, mientras el agresor puede andar por fuera, sin temor alguno, más que quizá una 'funa' olvidable en redes sociales.

Los años pasan y seguimos sin acciones reales.

Que mejor seria que rosa y morado de sus focos brillantes de las instituciones pudieran estar acompañado de carpetas de investigación por violencia de género bien sustentamos que  dejen de dormir el sueño de los justos en los archivos de la Fiscalía, y un cierre total a la impunidad.

San Luis Potosí no puede seguir siendo un estado donde la mujer es solo una estadística de campaña, no más un compromiso someramente ejercido, no más discursos sordos, no más felicitaciones vacías.

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