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Trombonistas de NY despiden a Willie Colón

La ciudad de Nueva York se llenó de música y emoción para despedir a Willie Colón, una de las figuras más influyentes en la historia de la salsa. Familiares, músicos y seguidores se reunieron para rendir homenaje al artista, cuya música marcó a generaciones y ayudó a definir el sonido moderno del género.

El músico falleció el 21 de febrero de 2026 a los 75 años, luego de permanecer hospitalizado en Nueva York por complicaciones de salud. Su familia confirmó la noticia a través de un comunicado en redes sociales, donde señalaron que el artista “partió en paz rodeado de sus seres queridos”.

La despedida pública se realizó el 9 de marzo en la histórica Catedral de San Patricio, en el corazón de Manhattan. La ceremonia consistió en una misa fúnebre abierta al público, que fue transmitida en vivo para permitir que seguidores de todo el mundo pudieran participar del homenaje.

Durante el servicio religioso, sus hijos Diego y Alejandro Miguel Colón ofrecieron emotivos discursos en español e inglés recordando la vida y legado del músico. Tras la ceremonia, el entierro se llevó a cabo de manera privada.

 

Uno de los momentos más conmovedores ocurrió fuera del templo, donde decenas de músicos y admiradores se reunieron para rendir tributo al artista con su propio lenguaje: la música. Trombonistas y trompetistas interpretaron algunos de los temas más emblemáticos de su carrera, entre ellos “La Murga (La Murga de Panamá)”, grabada junto a Héctor Lavoe, además de clásicos como Che Che Colé e Idilio.

Los instrumentos resonaron en las calles cercanas a la catedral y se extendieron hasta la Quinta Avenida, mientras el público acompañaba con aplausos y cantos. Para muchos asistentes, aquel momento representó tanto una despedida como una celebración de la música que Colón ayudó a llevar al mundo.

A lo largo de casi seis décadas de trayectoria, el artista fue trombonista, compositor, productor y arreglista, además de una figura clave en el movimiento salsero que surgió en Nueva York durante los años sesenta y setenta. Su trabajo con artistas como Rubén Blades y su participación en proyectos como Fania All-Stars consolidaron su lugar como uno de los grandes arquitectos del género.

El sonido de los trombones frente a la catedral no solo marcó el final de una vida dedicada a la música, sino también el recordatorio del legado que dejó el llamado “Malo del Bronx”, cuya influencia seguirá resonando en la historia de la salsa.

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