La microbiota cumple un papel clave en la salud de las mujeres a lo largo de su vida. Desde la infancia hasta la menopausia y la vejez, los cambios hormonales influyen en estos microorganismos, que ayudan a regular funciones digestivas, inmunológicas y hormonales del organismo.
La microbiota de la mujer y del hombre se diferencia principalmente por las hormonas. En los primeros años de vida prácticamente no hay diferencias y es durante la adolescencia cuando este cambio empieza a ser evidente. Más adelante, con la menopausia y la reducción de estrógenos, esa diferencia vuelve a disminuir entre ambos sexos.
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, existen muchos temas sobre la salud femenina que pueden abordarse, pero la microbiota es uno de los más importantes, ya que puede sentar las bases para una vida con menos infecciones y enfermedades, sobre todo en edades más avanzadas.
A continuación hacemos un recorrido por las distintas etapas de la microbiota en la vida de la mujer, en las que la alimentación saludable y el ejercicio son fundamentales. Lo hacemos con la médica especialista en aparato digestivo y experta en este tema, Silvia Gómez Senent, explica primero de qué se trata.
“Es el conjunto de microorganismos —bacterias, virus, parásitos y hongos— que se encuentran en diferentes partes del cuerpo. La más conocida o estudiada es la microbiota intestinal, porque es a la que más hemos podido acceder con las técnicas diagnósticas”, explica Gómez Senent.
Hace algunos años se pensaba que era perjudicial, pero hoy se sabe que estos microorganismos son muy beneficiosos y ayudan a regular muchas funciones del organismo.
No solo se encuentran en el aparato digestivo, también están en la piel, los ojos, el cuero cabelludo e incluso se ha identificado microbiota asociada al pulmón. En el caso de las mujeres, también se localiza en la vagina y en el endometrio.
En el caso de la microbiota intestinal, la especialista señala que no solo se encarga de digerir alimentos y sintetizar vitaminas. Su importancia radica también en que libera moléculas que influyen en los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico.
Diversos estudios han demostrado que la microbiota modula las neuronas del sistema nervioso intestinal y que estas, a su vez, se comunican con el sistema nervioso central a través del nervio vago.
“Esa relación intestino-cerebro existe porque fisiológicamente ya se ha descrito. Hay vías de comunicación claras entre las neuronas del sistema nervioso intestinal y las del cerebro y la médula espinal”, explica la especialista, autora del libro La vida que nos habita.
Una vez entendida su importancia, surge la pregunta: ¿cómo cambia la microbiota en cada etapa de la vida de la mujer y qué se puede hacer para mantenerla saludable?
La microbiota “más sana y fuerte” es la que tienen niñas y niños durante los primeros cuatro años de vida.
A este periodo se le conoce como “ventana de oportunidad” para la modulación de la microbiota. Es una etapa en la que las bacterias todavía no han sido alteradas por muchos factores externos.
Tener una buena microbiota en estos años ayuda a que en la adolescencia y la edad adulta sea más resistente a los cambios que pueden presentarse a lo largo de la vida.
Desde el embarazo influyen factores como la alimentación y el manejo del estrés. También el tipo de parto tiene un papel importante.
El parto natural favorece que la microbiota del bebé sea más antiinflamatoria, aunque esto no significa que los nacidos por cesárea estén destinados a desarrollar enfermedades.
“Lo que sí sabemos es que esa microbiota puede ser más protectora”, señala Gómez Senent.
La lactancia materna también contribuye significativamente a su desarrollo.
Durante la pubertad, las hormonas sexuales influyen en el tipo de microbiota que se desarrolla.
Al mismo tiempo, la microbiota también puede influir en el desarrollo hormonal.
“La microbiota va cambiando conforme avanza el ciclo de vida de la mujer, principalmente por la acción de los estrógenos”, explica la especialista.
Por ello, la microbiota de una niña antes de la pubertad es diferente a la que tendrá cuando comiencen a aumentar los niveles hormonales.
Si se mantienen hábitos saludables —como buena alimentación, ejercicio y descanso— suele ser una microbiota antiinflamatoria y equilibrada.
Durante la edad adulta y fértil, la microbiota puede variar más.
También influye en la fertilidad. En algunos casos de mujeres que tienen abortos recurrentes, la microbiota puede desempeñar un papel importante.
Además de la intestinal, la microbiota vaginal y la del endometrio también intervienen.
“Se ha observado que si estas microbiotas están alteradas, una mujer puede quedar embarazada y tener un aborto temprano debido a un problema en la implantación del embrión”, explica la especialista.
Esto puede ocurrir porque el endometrio se encuentra inflamado y el embrión no logra implantarse adecuadamente.
En esta etapa, como en todas, es fundamental mantener un estilo de vida saludable, con ejercicio, descanso adecuado y control del estrés.
También existen alimentos que favorecen el crecimiento de bacterias benéficas.
Entre ellos se encuentran frutas con alto contenido de pectina como la pera, alimentos ricos en polisacáridos como la alcachofa, hongos con betaglucanos y frutos rojos, que contienen polifenoles.
La menopausia es una etapa en la que disminuyen los niveles de estrógenos y aparecen diversos síntomas característicos.
En este periodo cobra relevancia un concepto reciente conocido como estroboloma.
Se trata de un grupo de bacterias de la microbiota encargadas de metabolizar los estrógenos.
Cuando esta hormona circula por la sangre llega al hígado, donde sufre transformaciones. Una parte se elimina por la orina y otra llega al intestino a través de la bilis.
“Algunas bacterias intestinales liberan una enzima llamada betaglucuronidasa, que permite que ese estrógeno vuelva a absorberse en la sangre”, explica la especialista.
Dependiendo del estado de la microbiota, el organismo podrá reabsorber mayor o menor cantidad de estrógenos.
Por ello, el objetivo es mantener una microbiota equilibrada que permita mitigar algunos síntomas de la menopausia.
Esto puede lograrse mediante probióticos —con cepas específicas de bacterias—, aunque siempre debe existir una base de alimentación equilibrada.
Con la posmenopausia, la microbiota femenina vuelve a parecerse más a la masculina y pierde parte de su efecto protector.
A partir de los 65 años la microbiota comienza a disminuir en número y diversidad, como parte del proceso natural de envejecimiento.
Por ello es importante llegar a esta etapa con una microbiota lo más saludable posible, ya que su deterioro se asocia con mayor riesgo de enfermedades, fracturas y hospitalizaciones.
“Cuando llegamos a esta etapa hay menos margen para modificar la microbiota, por eso es algo que debe cuidarse durante toda la vida”, señala la especialista.
Gómez Senent subraya que es fundamental que las mujeres conozcan la importancia de la microbiota para su salud, un tema que cada vez genera más interés entre especialistas.