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SanArte: Te Aman

Era un patio de ladrillos, en aquel entonces, en la casa de zaguán, un patio largo y lleno de macetas hermosas, en dónde mi Padre jugaba de niño saltando, haciendo acrobacias y travesuras, siempre abrazado por el amor profundo de mi bisabuela Luz. Y es que si, ella era una gigantesca Luz, esa mujer que no conocí con mis ojos ni mis manos, pero que la llevo en el Alma cada vez que una de ellas, una hermosa planta que he cuidado, llena todo el espacio con su presencia. Es mágico. En estos días de inicio de primavera, el corazón se llenó de asombro y alegría al ver el espectáculo del árbol, repleto de fragantes flores blancas, bellísimas. 
 
Le llamé a mi Padre para mostrarle el milagro que se estaba produciendo en ese, el lugar sagrado en donde se resguarda la memoria de lo Divino y me dijo algo tan hermoso y lleno de sabiduría, que, como toda Epifanía, me pareció oracular. 
 
Me dijo: Es que las plantas te aman, hija; tú las cuidas mucho y no solo hablo de que las riegas y las atiendes, sino de que las sientes, las aprecias, las valoras y las ves; entonces, ellas te responden: al florear así, te están diciendo que te aman. Yo me quedé sin saber qué decir, porque es verdad. 
 
A ese árbol hermoso lo rescaté de un lugar en dónde seguro le dejarían morir y no solamente pensé en El, sino que en el ecosistema creado para polinizadores y diseñado en co-creación para que fuera una pequeña honra a la vida, a la Madre tierra, a la belleza de lo orgánico, a mi bisabuela Luz. 
 
Porque ella estaba conectada con las plantas, en todas sus formas y es que alguien que abre su corazón al reino vegetal, está abriendo los portales más hermosos al Universo. ¿Has visto como al abrir un espacio verde, pránico, vivo y sagrado, se comienzan a manifestar milagros diarios? Llegan criaturas bellísimas, los pájaros elevan la frecuencia con sus trinos, los colores se manifiestan creando un festín de sensaciones para la piel, para los ojos y para el alma. 
 
Todo nace de una primera intención y los elementales de la naturaleza crean paisajes en miniatura y majestuosos.  El cuerpo se sosiega y la mente se calma. 
 
El Espíritu se manifiesta y por un momento volvemos a casa, a ese hogar energético que solamente se siente, cuando estamos rodeados de ellas, las plantas, en todas sus formas que son infinitas y maravillosas. 
 
Cuando tus manos siembran semillas que son fe y esperanza, cuando riegas con amor y respeto, cuando te emocionas al ver el crecimiento y los procesos, estás conectándote con la vida misma, con los estadios de tu propia existencia. Las hierbas curativas, aromáticas, medicinales y ornamentales son la voz Divina de la Madre, que late en sintonía con nuestro corazón. ¿No te parecen obras de arte?  
 
Exquisitos colores, frutos dulces, alimento saludable, siempre en movimiento, uno interno, lento, muy lento, imperceptible pero constantemente mutando, nunca igual que el día anterior. Porque a veces, cuando les visitas, de repente explotan de abundancia.
 
Y ellas te miran, te sienten, te conocen. ¿Has intentado conectar tu presencia a la de ellas? Te podrías llevar una sorpresa, pero para ello hay que acallar la mente, los prejuicios y la resistencia a sentir de verdad. Te invito a que recuerdes si alguna vez alguna plantita te acompañó en algún momento. Si te relacionaste con ella, si creaste un vínculo. 
 
No querido(a) amigo(a), no es de locos hablar de esto, es de sabios, de vivos, porque si la conexión con la medicina, el amor y la belleza es cordura, considerarla locura sería una tristeza y una trampa. Una habitación enorme, llena de adornos, lujos y pulcritud, no igualan la belleza, vibración, energía y sosiego que una pequeña plantita puede crear en ese espacio. 
 
¿Sabes por qué? Porque en ella habita la Divina presencia, el calor del sol, el arrullo del agua, las caricias del viento y las memorias de la infinita historia de la tierra. En ella habita la sabiduría, la armonía, la unicidad y simplemente la vida misma. 
 
Caminar por un parque convierte cualquier escena en una experiencia espiritual. No es lo mismo una conversación en un espacio natural que en otro sitio. Esto es porque allí se susurran las melodías de la danza cósmica. 
 
Nos conecta con nuestra propia naturaleza, con el origen, con la esencia y lo real. Ellas te aman me dijo mi Padre y yo me sentí muy afortunada, de que Luz mi amada bisabuela nos transmitiera esa mirada hacia el reino vegetal, que hoy en esta oda yo te quiero compartir a ti. 
 
Cuidar, amar, proteger, cultivar y bendecir a este reino, te traerá más bendiciones de las que puedes esperar. Cuando estés cerca de una de ellas y sientas por fin su mirada sonriente en tu cuerpo sutil, tu vida estará destinada a la belleza, a la luz y al amor. 
 
Espero que pronto sientas como ellas, al ser miradas por ti con presencia, en un milagro de luz, te gritan con alegría, colores y perfume cuánto te aman.  
 
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.
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