columnas

La ciudad silenciada

'Bulevar de Ideas'

Jorge Chessal Palau

X: @jchessal

En el episodio II de la saga Star Wars existe una escena que, en el fondo, es tremendamente dramática. Obi-Wan Kenobi acude a los Archivos Jedi buscando un planeta que, según sus mapas físicos, debería estar ahí, pero que en los registros digitales ha sido borrado. La respuesta de la bibliotecaria es de una arrogancia peligrosa: “Si un elemento no aparece en nuestros archivos, es que no existe”. Cuando el registro de una ciudad desaparece, la ciudad misma comienza a morir en la memoria de sus propios habitantes.

Hoy, mientras las noticias nos saturan con imágenes de explosiones en Medio Oriente e Irán, solemos enfocarnos, con justísima razón, en la tragedia humana inmediata. Sin embargo, hay una tragedia de largo plazo que ocurre en paralelo y que es la destrucción del patrimonio histórico y documental. No se trata solo de piedras viejas o papeles amarillentos, se trata de la arquitectura del "yo" colectivo.

Una ciudad es un documento sobre el cual cada generación escribe su propia historia sobre las huellas de la anterior. Cuando un misil impacta el Palacio de Golestán en Teherán o cuando un desastre natural borra un centro histórico, lo que se pierde no es un edificio, sino una página de nuestra biografía urbana y humana.

El patrimonio arquitectónico es el ancla que impide que una sociedad vaya a la deriva hacia la amnesia; sin embargo, en los conflictos actuales los monumentos se convierten en objetivos, a veces por daño colateral y otras por un "urbicidio" deliberado. Destruir el monumento del adversario es una forma de decirle que su paso por la historia ha sido cancelado.

Si los monumentos son el rostro de la ciudad, los archivos documentales son su sistema nervioso. En situaciones de guerra o desastres (terremotos, inundaciones), el patrimonio documental es el más vulnerable, pues un incendio puede consumir siglos de registros catastrales, actas de nacimiento, mapas de infraestructura y archivos notariales en cuestión de minutos.

Sin documentos no hay derechos. La destrucción de archivos documentales en zonas de conflicto a menudo busca eliminar las pruebas de propiedad de la tierra, la identidad de las personas y la continuidad legal de las instituciones. El "borrado" de la memoria documental es la herramienta perfecta para la reconfiguración autoritaria de una ciudad tras la guerra.

Actualmente solemos pensar que la tecnología es infalible. Sin embargo, el ejemplo de los Archivos Jedi nos enseña que incluso la tecnología más avanzada puede ser manipulada o destruida si no existe una voluntad de preservación. Por eso digitalizar no lo es todo.

Ante el conflicto y el desastre, la preservación del patrimonio histórico y documental debe ser una prioridad.

No permitamos que nuestras ciudades se conviertan en ese planeta borrado de los archivos de Obi-Wan. Si el fuego o la desidia borran nuestro pasado, estaremos condenando a las generaciones futuras a vivir en ciudades sin alma, en espacios donde el "no aparecer en los archivos" signifique, efectivamente, haber dejado de existir.

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