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La confianza que las instituciones deben recuperar

Opinión

Cuando la confianza se vuelve un problema público

Hay preguntas que parecen simples, pero que revelan realidades profundas. ¿Confiamos realmente en nuestras instituciones? En la conversación cotidiana la respuesta suele mezclarse entre escepticismo, distancia y, en algunos casos, resignación. No es una percepción aislada. Diversos estudios coinciden en que la confianza en las instituciones públicas atraviesa uno de sus momentos más complejos en México y en gran parte de América Latina.

La confianza es el cimiento invisible del sistema democrático. Sin ella, las leyes pierden legitimidad, las decisiones públicas se cuestionan permanentemente y el vínculo entre ciudadanía y gobierno comienza a fracturarse.

Los datos que explican el fenómeno

Las cifras ayudan a comprender el tamaño del desafío. De acuerdo con Latinobarómetro, menos del 30 % de los ciudadanos en América Latina manifiesta confianza en los partidos políticos y en buena parte de las instituciones representativas. En México, encuestas como la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI señalan que la percepción de corrupción continúa siendo uno de los principales problemas que identifica la población.

A ello se suma la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), también elaborada por el INEGI, que registra niveles significativos de desconfianza hacia autoridades encargadas de seguridad y justicia.

Estos datos no deben interpretarse como una condena irreversible a nuestras instituciones, sino como una señal clara de alerta sobre la distancia que se ha generado entre la ciudadanía y quienes ejercen responsabilidades públicas.

Las causas de una desconfianza acumulada

La pérdida de confianza institucional no surge de un solo evento ni de una sola administración. Es el resultado de experiencias acumuladas durante años. Casos de corrupción, procesos burocráticos ineficientes, decisiones poco claras y la sensación de que las instituciones no siempre resuelven los problemas cotidianos han ido erosionando la credibilidad pública.

También influye un fenómeno más amplio: las sociedades cambian con gran velocidad, mientras que las estructuras gubernamentales suelen transformarse con mucha mayor lentitud. Cuando esa brecha se amplía, la confianza comienza a deteriorarse.

Mirar al mundo para entender el desafío

La crisis de confianza institucional no es exclusiva de México. Es un fenómeno que atraviesa muchas democracias contemporáneas. Sin embargo, existen ejemplos que muestran caminos posibles.

En América Latina, Uruguay mantiene niveles relativamente altos de confianza pública gracias a instituciones estables, prácticas sostenidas de transparencia y reglas claras de rendición de cuentas. En Europa, países como Dinamarca, Finlandia y Suecia encabezan consistentemente los índices de confianza institucional.

En estos modelos, la confianza no es resultado de discursos políticos, sino de instituciones que funcionan, que responden a la ciudadanía y que operan bajo principios sólidos de transparencia.

El dato jurídico de la semana

La confianza institucional no es solo un asunto político o cultural; también tiene un fundamento jurídico. El artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, lo que significa que todo poder público deriva de la voluntad ciudadana.

Por su parte, el artículo 40 constitucional define a México como una república democrática, representativa y federal. Estas disposiciones no solo describen una forma de gobierno; establecen un principio esencial: las instituciones existen para servir a la ciudadanía.

Cuando la confianza se debilita, ese principio fundamental se pone a prueba.

La responsabilidad también es social

Recuperar la confianza institucional no depende únicamente de los gobiernos. También requiere una ciudadanía participativa, informada y comprometida con la vida pública. Exigir transparencia, participar en procesos democráticos, respetar la legalidad y mantener una vigilancia activa sobre el ejercicio del poder forman parte de esa responsabilidad compartida.

La confianza no se decreta desde un discurso político. Se construye todos los días, a partir de decisiones públicas responsables y de una ciudadanía que ejerce plenamente sus derechos.

reconstruir la confianza, si se puede

Las instituciones no se sostienen únicamente en leyes, reglamentos o estructuras administrativas. Su verdadera fortaleza se encuentra en la confianza que la ciudadanía deposita en ellas.

Recuperar esa confianza no será una tarea sencilla ni inmediata. Requiere transparencia, resultados concretos y decisiones públicas que vuelvan a acercar a las instituciones con la sociedad.

Porque al final, las instituciones no existen para sí mismas. Existen para servir a las personas. Y cuando ese propósito se cumple, la confianza vuelve a convertirse en el elemento más sólido de la vida democrática.

Para observar en la semana

En el ámbito internacional, la atención del mundo se mantiene puesta en las crecientes tensiones entre Irán y Estados Unidos, episodios que reflejan cómo se está redefiniendo el equilibrio geopolítico global. Más allá de los acontecimientos inmediatos, estos conflictos evidencian un proceso más amplio: el reacomodo del poder internacional en un contexto de nuevas alianzas, disputas estratégicas y redefinición de liderazgos.

Los conflictos regionales ya no permanecen aislados; tienen repercusiones económicas, energéticas y políticas en distintas partes del mundo. La manera en que las potencias gestionen estas tensiones marcará el rumbo de la estabilidad internacional en los próximos años.

En este escenario cambiante, México enfrenta también el reto de mantener una política exterior prudente, respetuosa del derecho internacional y atenta a las implicaciones globales que estos acontecimientos pueden generar.

Nos vemos

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