Libertad de opinión
Luego del abatimiento de Nemesio Oseguera, uno de los criminales más buscados del mundo, se esperaban acciones más contundentes por parte del gobierno de México. Pero no.
Hasta ahora no se ha detenido a narcopolíticos, servidores públicos, militares, policías o empresarios que durante años mantuvieron vínculos con el cártel que dirigía “El Mencho”. Una red de complicidades que permitió que su emporio criminal se expandiera y diversificara con total impunidad.
Tampoco se sabe mucho de la actuación de la Unidad de Inteligencia Financiera para congelar las millonarias cuentas de los cientos de empresas ligadas al lavado de dinero. Un entramado empresarial que operaba en múltiples frentes para generar ingresos multimillonarios: tráfico de drogas, extorsión, robo, tráfico de personas y armas, explotación ilegal de recursos naturales y una creciente presencia en ciberdelitos como hacking, robo de identidad y fraudes en línea.
La delincuencia organizada no sólo se adaptó a la tecnología. La usa para perfeccionar sus operaciones.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿tendremos que esperar otra vez a que llegue una fuerte presión del gobierno de Estados Unidos para que aquí se actúe con mayor firmeza?
FAKE NEWS PARA TODO
Y hablando de “El Mencho” y de Estados Unidos, resulta cada vez más agotador vivir en medio de una avalancha de noticias falsas.
Basta abrir cualquier red social, especialmente X, para comprobarlo. Por un lado circulan imágenes catastróficas alteradas con inteligencia artificial: edificios incendiados, ciudades colapsadas o escenas de violencia que nunca ocurrieron. Por el otro, aparecen cientos de bots y cuentas falsas vinculadas al gobierno federal que impulsan la narrativa contraria: que todo está en calma y que el estado de derecho goza de perfecta salud.
Ni hablar de los supuestos ataques entre Estados Unidos e Irán o de los presuntos bombardeos a bases militares en el Golfo Pérsico. En cuestión de minutos circulan cientos de videos, imágenes y notas falsas, algunas diseñadas para alarmar deliberadamente.
Hoy más que nunca tenemos una responsabilidad básica: verificar la información antes de compartirla. De lo contrario, todos terminamos siendo parte de la maquinaria de la desinformación.
LAMBISCONES S.A.
¿Se ha fijado cómo a las personas lambisconas suele irles muy bien en la política?
Un lambiscón es alguien adulador y servil, experto en exagerar halagos y alabanzas hacia quien tiene poder. Su objetivo es claro: obtener favores, privilegios o un buen cargo público.
Y lo peor es que este tipo de personajes suelen ser muy apreciados por muchos altos funcionarios. Les encanta vivir rodeados de halagos, escuchar lo bien que hacen todo y tener cerca a quien les aplauda cada palabra. En privado y en público. Y en redes sociales, ni se diga.
Los lambiscones lo saben. Por eso perfeccionan el oficio. Saben que actuar así puede abrirle la puerta a un puesto público o, cuando menos, a recibir unos buenos billetes mes tras mes.
Estoy seguro, que mientras lea esto, se le vino a la mente algún sujeto que conoce con estas características.