San Luis Potosí, SLP.- En el marco del 8 de Marzo, cuando miles de mujeres salen a las calles para exigir justicia, igualdad y una vida libre de violencia, hay una realidad que no siempre ocupa las pancartas pero que late en silencio detrás de muchas puertas cerradas, la violencia familiar que termina golpeando, con mayor crudeza, a niñas y niños.
De diciembre a finales de febrero, la Guardia Civil Estatal, a través de su Unidad Especializada contra la Violencia de Género, ha rescatado entre 10 y 12 menores que vivían en entornos de agresión dentro de sus propios hogares. No se trata solo de cifras, son infancias interrumpidas por el miedo, por golpes, por abandono o por condiciones que vulneraban gravemente su desarrollo.
La mayoría de estos casos no salieron a la luz por denuncias internas, sino por la intervención de vecinos que decidieron no callar. Las llamadas al 9-1-1 activaron la alerta; desde la cabina del C4 se canalizó el reporte directamente a la Unidad especializada, que acudió al domicilio para salvaguardar a los menores. En otros casos, la intervención fue en coordinación con la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (PPNNA), instancia que al detectar condiciones inadecuadas para el desarrollo infantil solicitó el acompañamiento de la Guardia Civil para concretar los rescates y realizar los trámites correspondientes.
Uno de los casos más recientes evidenció otra arista del problema, infantes que trabajaban en un crucero, exponiendo su integridad física. La intervención fue coordinada con la PPNNA para restituir sus derechos y alejarlos de una situación de riesgo que normaliza la explotación infantil como salida a la precariedad y la violencia.
Villa de Pozos y la capital, focos rojos
De acuerdo con los reportes, el municipio donde se concentra el mayor número de casos de maltrato infantil es Villa de Pozos, seguido de la capital potosina, San Luis Potosí.
En Villa de Pozos, las autoridades municipales han impulsado una estrategia a través del DIF Municipal y la Instancia de la Mujer, con atención psicológica, acompañamiento jurídico y medidas de protección para víctimas. En su primer año de administración se ha brindado atención integral a más de 412 personas, en un intento por contener una problemática que no distingue edades pero que hiere especialmente a mujeres y menores.
En la capital, el Ayuntamiento encabezado por el alcalde Enrique Galindo Ceballos ha informado una disminución del 6.2 por ciento en delitos de violencia familiar a inicios de 2026. Entre las acciones implementadas destacan la línea de apoyo 24/7 (444-822-3635), el fortalecimiento del modelo “Puerta Violeta” desde el DIF Municipal, la operación de una Unidad Especializada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana para atención a víctimas, estrategias preventivas en colonias, talleres de reeducación familiar y mesas de seguimiento puntual a casos recientes.
Si bien la reducción porcentual representa un avance, la existencia de rescates recientes deja claro que el problema persiste y que las estadísticas no siempre alcanzan a reflejar el miedo que viven las víctimas puertas adentro.
La violencia familiar no es un asunto privado cuando pone en riesgo la vida y el desarrollo de niñas y niños. Si eres testigo o sospechas de un caso:
Llama al 9-1-1 para activar la intervención inmediata.
En la capital potosina, puedes comunicarte a la línea 444-822-3635, disponible las 24 horas.
También es posible acudir al DIF Municipal o a la PPNNA para reportar situaciones de riesgo.
Las autoridades han reiterado que las denuncias pueden realizarse de manera anónima y que la participación ciudadana ha sido clave para lograr los rescates recientes.
El 8M no es solo una fecha de conmemoración; es un recordatorio de que la violencia estructural empieza muchas veces en casa. Mientras las mujeres exigen en las calles un alto a las agresiones, hay niñas y niños que siguen creciendo en entornos donde el miedo sustituye al cuidado.
Que hoy se rescaten 12 menores es una acción necesaria, pero también una señal de alarma. La verdadera transformación no llegará solo con operativos, sino cuando la prevención, la educación emocional y la corresponsabilidad social logren que ninguna vecina tenga que marcar al 9-1-1 para salvar a un niño del lugar que debería ser el más seguro, su hogar.
En este 8M, la lucha por los derechos de las mujeres también es la lucha por las infancias. Porque erradicar la violencia de género implica cortar de raíz el ciclo que la reproducen generación tras generación.