San Luis Potosí, SLP.- Mientras en distintas regiones del país la violencia vuelve a ocupar los titulares y los conflictos internacionales escalan con ataques como los recientes entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el arzobispo de San Luis Potosí, Jorge Alberto Cavazos Arizpe, colocó el foco en un espacio mucho más cercano y, quizá, más decisivo, -la familia.-
En el marco del Día de la Familia —que para la Iglesia Católica no se limita a una fecha sino que se extiende durante todo marzo— el prelado sostuvo que el verdadero cambio social no comienza en los discursos políticos ni en los acuerdos internacionales, sino en el hogar. “Las familias son —como sociológicamente se ha dicho— células esenciales o fundamentales de una sociedad”, expresó.
Para Cavazos Arizpe, la familia es la primera escuela. Es ahí donde se aprende a vivir la fe, el amor y, sobre todo, el respeto a todo ser humano sin excepción. Pero también advirtió que esa tarea no es automática ni sencilla, requiere diálogo constante, capacidad de encuentro y disposición a la reconciliación.
Reconoció que muchas veces la convivencia se complica por la distancia física, las diferencias de pensamiento o las heridas acumuladas. Sin embargo, insistió en que siempre existen caminos para reconstruir, mantener la oración, estar atentos unos de otros, aprender a perdonar o a pedir disculpas. “De nada sirve la soberbia o quedarnos con el rencor, eso solamente crea división”, afirmó.
Su mensaje no fue ajeno al contexto internacional. Frente a un mundo marcado por guerras, ataques armados y amenazas, el arzobispo fue enfático, “La paz no se va a lograr con armamentos que solamente destruyen, no se va a lograr con amenazas, se va a lograr con una buena disposición, con diálogo”.
En ese sentido, convocó a orar por la paz y por quienes padecen las consecuencias de la violencia, retomando el llamado constante del Papa Francisco a convertirse en “artesanos de paz”.
El planteamiento es claro, si la violencia fragmenta al mundo, la familia puede convertirse en el primer taller donde se aprenda a coser las rupturas. En tiempos de confrontación global, la apuesta —para la iglesia— no está en la fuerza, sino en el encuentro que comienza en casa.