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Trasplantes de cara, manos y útero avances, riesgos y los límites de la medicina actual

Los trasplantes de cara, manos, brazos, piernas, útero o pene forman parte de los llamados trasplantes de tejidos compuestos, una de las incorporaciones más recientes y complejas en el ámbito de la medicina trasplantadora.

Se conocen como trasplantes de tejidos compuestos, o aloinjertos vascularizados compuestos, aquellos procedimientos que implican la transferencia de distintos tipos de tejidos —como piel, músculo, hueso, vasos sanguíneos, nervios, grasa y, en algunos casos, médula ósea— desde un donante a un receptor como una unidad anatómica, funcional y vascularizada. 
 
En este grupo se incluyen los trasplantes de cara, manos o brazos, piernas, laringe, pared abdominal, pene y útero, entre otros. Se trata de las incorporaciones más recientes al campo de los trasplantes y se distinguen, además de por su impacto visual, por su elevada complejidad técnica y por la necesidad de una inmunosupresión intensa para prevenir el rechazo, en gran parte debido a la alta presencia de piel, un tejido especialmente inmunogénico. Su objetivo principal es restaurar la función, la estructura y la apariencia en pacientes con defectos extensos que no pueden resolverse mediante técnicas reconstructivas convencionales. A diferencia de los trasplantes de órganos sólidos como el riñón, el hígado o el corazón, en los que se busca recuperar una función fisiológica alterada por la enfermedad, estos procedimientos persiguen una recuperación integral funcional y anatómica.
 
Es difícil cuando se habla de estos trasplantes no recurrir a la Leyenda del Milagro de San Cosme y San Damián, dos hermanos gemelos, médico y cirujano que, en el siglo III, curaron a un sacristán con una pierna gangrenada, amputándosela con una sierra para después sustituirla por la de un etíope negro recién fallecido. Al parecer, el sacristán pudo caminar de nuevo con su pierna trasplantada, aunque eso sí, de color mitad blanco, mitad negro. La historia tiene una verosimilitud más que dudosa, pero ha dado lugar a numerosas representaciones pictóricas y escultóricas y se ha convertido en el antecedente histórico más reconocible de los trasplantes en general.
 
 
Aunque con algún precedente que podría considerarse incluido en este grupo, se puede decir que la era de los trasplantes de tejidos compuestos comienza en 1998 cuando el cirujano francés Jean-Michel Dubernard realizó en Lyon la primera intervención de trasplante de mano. A señalar que hoy probablemente no se habría llevado a cabo, primero porque muchos consideran no indicados los trasplantes de una sola mano (se pueden valer relativamente bien con la otra, sin los riesgos de la inmunosupresión) y segundo por el equilibrio mental de este primer receptor que le llevó a solicitar la amputación de la mano trasplantada al sentir que no podía soportarla. Es el más frecuente de estos trasplantes, aunque no es fácil saber cuántos se han llevado a cabo en el mundo. Hasta 2022 se habían hecho alrededor de 150 de manos, antebrazos y brazos, unilaterales o bilaterales con resultados funcionales y de calidad de vida bastante buenos, aunque siempre dependiendo del nivel de la amputación, adherencia al tratamiento inmunosupresor y la rehabilitación seguida. En España se han hecho cinco hasta el momento, tres en el hospital La Fe de Valencia, uno en el hospital Central de Asturias y otro en La Paz de Madrid.
 
En el mundo se han llevado a cabo cinco trasplantes de piernas (uno en Valencia), tanto unilaterales como bilaterales e incluso en un caso, de las cuatro extremidades. Tres de ellos fallecieron fundamentalmente por la intensa inmunosupresión necesaria al ser muy grande la superficie de piel trasplantada, lo que hace cuestionar bastante este tipo de intervenciones. 
 
El trasplante de cara es con mucho el más complejo, quizás solo comparable en cuanto a dificultad técnica con los multiviscerales infantiles en los que se trasplantan hasta 5-6 órganos abdominales. Piel, grasa, glándulas, músculo, huesos, arterias, venas, nervios… se pasan del donante al receptor en intervenciones que pueden durar entre 15 y 20 horas con grandes equipos multidisciplinares solo posibles en centros con gran infraestructura y experiencia trasplantadora. Hasta el momento se calcula que se han realizado poco más de cincuenta casos en 18 centros de 11 países, de los que 6 se han hecho en España (3 en Vall d'Hebron de Barcelona, y 1 en Valencia, Sevilla y Bellvitge de L'Hospitalet). La supervivencia estadística de este grupo de enfermos a los 5 y 10 años fue del 85 y 74%, lo que para un procedimiento extremo y de desarrollo reciente, es bastante satisfactorio, con el dato esperanzador de que los mejores datos se consiguen en los casos más recientes.
 
El trasplante de útero tiene una sola indicación, la concepción de un bebé mediante reproducción asistida, en mujeres a las que les falta este órgano, pero mantienen intacto el resto del sistema reproductor. Esta es una situación que se produce sobre todo en el llamado síndrome de Mayer – Rokitansky, que afecta a una de cada 5000 mujeres, aunque hay también otras causas. El útero puede proceder tanto de una persona fallecida como de una donante viva, habitualmente familiar de la receptora. Una vez lograda la gestación se extirpa el útero trasplantado con el fin de evitar una inmunosupresión prolongada. Hasta finales de 2024 se habían realizado 91 trasplantes de útero, 67 de donante vivo y 24 de donante fallecido, con una supervivencia del injerto del 75% al año y habiendo servido para gestar 44 bebés. En España se han hecho dos de donante vivo con gestación de dos niños. 
 
Hasta ahora se han publicado cinco trasplantes de pene en Estados Unidos, China y Sudáfrica, como procedimiento experimental y sin una técnica estandarizada. Dos de ellos tuvieron que ser extirpados, pero los otros tres recuperaron aparentemente la sensibilidad y la función urinaria y sexual.
 
Los mayores problemas de estas intervenciones, aparte los técnicos, se derivan de las altas dosis de inmunosupresores necesarias por lo que el centro de las investigaciones está fijado en el ensayo de nuevas pautas para prevenir o tratar el rechazo. Una de ellas es el trasplante combinado de médula ósea obtenida del mismo donante, que al igual que sucede con algunos órganos sólidos está dando resultados prometedores. 
 
Hay otros trasplantes que se incluyen en este apartado, como los de laringe, pared abdominal y articulaciones completas entre otros porque las posibilidades de combinación de tejidos son muy amplias. Como se ve, todos estos trasplantes de tejidos compuestos se han realizado en escaso número y deben considerarse aún experimentales por lo que es importante seguir acumulando las experiencias de todo el mundo hasta conseguir que se conviertan en un tratamiento consolidado. Entonces si se podrá decir que hemos alcanzado "las últimas fronteras" de los trasplantes, al menos los que se hacen con bisturí ya que las células son un mundo aparte.
 
 
 
 
 
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