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Separar Interapas de Soledad reajustaría el mapa del agua

El alcalde capitalino, Enrique Galindo Ceballos, fue claro al advertir que el proceso sería “extremadamente complejo”

San Luis Potosí, SLP.- La posible salida de Soledad de Graciano Sánchez del organismo operador Interapas no es un simple trámite administrativo, es una decisión que, de concretarse, podría redibujar la gestión del agua en la zona metropolitana de San Luis Potosí.
 
El alcalde capitalino, Enrique Galindo Ceballos, fue claro al advertir que el proceso sería “extremadamente complejo”. No se trata solo de voluntad política, sino de una madeja jurídica y técnica que, hasta ahora, ni siquiera ha comenzado a desenredarse en términos formales.
 
Existen varias rutas posibles para concretar una eventual desincorporación,  una decisión del Congreso del Estado de San Luis Potosí, un acuerdo desde la Junta de Gobierno del propio organismo o incluso una determinación unilateral del municipio soledense, todas con sustento legal. El abanico de opciones confirma que no hay un camino único ni sencillo.
 
El anuncio del alcalde soledense, Juan Manuel Navarro, de presentar formalmente en marzo la intención de abandonar el sistema, encendió el debate. Sin embargo, desde la capital se insiste en que la relación institucional se mantiene prudente y con comunicación constante para analizar los alcances reales de una decisión de tal magnitud.
 
Más allá de la deuda que Soledad mantiene con el organismo, el fondo del asunto es estructural. El sistema no solo distribuye agua: sostiene una red compleja que incluye operación de pozos, presas, plantas de tratamiento, pago a proveedores y cumplimiento de compromisos financieros. Separarse implica redefinir cómo se cubrirán esos costos y quién garantizará la viabilidad del servicio.
 
En medio de cálculos legales y financieros, la exigencia ciudadana es mucho más simple, que el agua llegue. El suministro de agua potable es la prioridad, pero también lo es el manejo adecuado de las aguas residuales y la sostenibilidad económica del sistema.
 
La discusión apenas comienza. Y mientras los municipios exploran escenarios, la pregunta de fondo permanece, ¿puede la zona metropolitana fragmentar su modelo de agua sin poner en riesgo el servicio que miles de familias exigen todos los días?.
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