San Luis Potosí, SLP.- La presa San José se ha convertido en un espejo incómodo del crecimiento urbano en la capital potosina. Mientras el lirio acuático cubre parte de su superficie, debajo persiste un problema más profundo, descargas de aguas residuales provenientes de comunidades y fraccionamientos cercanos que siguen llegando al vaso.
El alcalde Enrique Galindo Ceballos reconoció que existen derrames hacia la presa y que el reto inmediato es reforzar el funcionamiento de las plantas de tratamiento, particularmente en la zona de Escalerillas. Incluso, señaló que ha constatado personalmente la situación y admitió que una de las plantas no opera de manera constante, lo que facilita que aguas negras alcancen el cuerpo de agua.
El tema tomó relevancia luego del exhorto del Congreso del Estado para que Interapas, Conagua y la CEA informen sobre las acciones de saneamiento en la presa ante la proliferación del lirio. Sin embargo, lejos de considerarlo sólo una plaga, el alcalde explicó que el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT) confirmó que esta planta cumple una función relevante, a través de sus raíces retiene metales pesados presentes en el agua.
El hallazgo abre nuevas interrogantes. Aún no se ha determinado si estos metales forman parte de las condiciones naturales del vaso o si provienen de fuentes externas. El propio edil advirtió que retirar el lirio no es una decisión sencilla, pues el material vegetal contendría esos metales y requeriría un manejo y disposición final especializada.
Además, se analiza qué implicaciones tendría eliminar por completo esta barrera natural, sobre todo en relación con la capacidad de los filtros para procesar agua con presencia de metales. Hasta ahora —aseguró— el agua que pasa por el sistema de filtración cumple con las condiciones para consumo humano, lo que consideró un indicador favorable.
El trasfondo del problema apunta al crecimiento urbano y rural hacia ese sector. Aunque algunos fraccionamientos cuentan con sus propias plantas de tratamiento, el aumento de asentamientos ha incrementado la presión sobre la presa. La ecuación es clara, más viviendas, más descargas y mayor exigencia para una infraestructura que no siempre opera al cien por ciento.
Así, la presa San José enfrenta un dilema ambiental complejo, un lirio que hoy actúa como filtro biológico, pero que al mismo tiempo evidencia la presencia de contaminantes; y un sistema de tratamiento que necesita fortalecerse para evitar que el problema siga fluyendo cuesta abajo.