plano informativo

Canadá y México después de la misión empresarial

Opinión.

La reciente visita de la delegación empresarial canadiense a México debe leerse menos como un evento económico aislado y más como un indicador del momento que atraviesa América del Norte.
 
La presencia de cerca de 400 empresarios y funcionarios canadienses representa una apuesta por fortalecer una relación económica que en las últimas décadas se ha multiplicado y que ahora busca dar un salto cualitativo. Los diálogos con el gobierno federal y el sector privado confirman que ambos países exploran nuevas rutas de cooperación en áreas como manufactura avanzada, minerales críticos, tecnologías limpias, inteligencia artificial y agroindustria.
 
Uno de los resultados más relevantes fue la decisión de construir un plan de acción bilateral para acelerar inversiones, reducir obstáculos regulatorios y fortalecer cadenas de suministro. Este esfuerzo ocurre en paralelo al T-MEC y refleja una tendencia más profunda donde México y Canadá buscan ampliar su coordinación estratégica sin debilitar la lógica trilateral que ha sostenido la integración regional.
 
La visita también dejó mensajes elocuentes sobre los retos pendientes. Los inversionistas canadienses insistieron en la necesidad de certeza jurídica, condiciones de seguridad y reglas claras que conviertan el interés empresarial en proyectos concretos. Estas demandas responden a una lógica global donde la competitividad se mide cada vez más por la calidad institucional y la previsibilidad en un entorno cambiante.
 
Otro elemento relevante fue el papel del diálogo parlamentario rumbo a la revisión del T-MEC. Los congresos tienen una responsabilidad creciente para anticipar escenarios y construir consensos que den estabilidad a las reglas del comercio e inversión. En ese sentido, desde el Senado mexicano hemos impulsado la reactivación de la reunión interparlamentaria México-Canadá, y próximamente se realizará una visita a Ottawa para fortalecer el diálogo legislativo y contribuir a una visión compartida de integración regional.
 
A nivel territorial, la conversación ya no gira solo en torno a quién recibe inversiones, sino a quién logra incidir en la arquitectura productiva que se está rediseñando en América del Norte. Solo las regiones que entiendan esta transición podrán convertirse en nodos de innovación y coordinación industrial.
 
Lo que dejó esta misión fue una señal sobre el tipo de integración que comienza a perfilarse. América del Norte entra en una etapa donde las alianzas serán más estratégicas, las decisiones más selectivas y el liderazgo más disputado. Para México, el desafío ya no consiste solo en adaptarse a los cambios, sino en participar activamente en la definición de las reglas que vienen. En momentos de transición regional, la diferencia la marca quien entiende antes hacia dónde se mueve el tablero.
 
OTRAS NOTAS