San Luis Potosí, SLP.- Mientras en el discurso nacional el fentanilo se ha convertido en sinónimo de crisis, en San Luis Potosí la realidad tiene otro matiz, cinco personas atendidas el año pasado por consumo de esta sustancia. Cinco casos que, aunque numéricamente bajos, abren una reflexión sobre cómo y cuándo reaccionar ante una amenaza que ya toca la puerta.
El director general del Instituto Temazcalli, René Contreras Flores, confirmó que durante el año pasado fueron cinco los pacientes con problemas de adicción a fentanilo que llegaron a la institución. No acudieron por voluntad propia en un inicio, fueron detenidos por corporaciones de seguridad pública y, como parte del proceso, canalizados a rehabilitación.
El dato podría parecer menor si se compara con el universo de atenciones que brinda el instituto. “Realmente la mayoría de los que tenemos y hemos tenido en el Instituto Temazcalli es más alcohol, más marihuana y cocaína. Un porcentaje muy bajo de fentanilo”, declaró el funcionario. Es decir, la droga que domina la narrativa nacional todavía no encabeza las estadísticas locales de tratamiento.
Sin embargo, el contexto obliga a mirar más allá de los números. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 17% de los decomisos de fentanilo realizados en el país durante 2023 ocurrieron en San Luis Potosí. La cifra no habla de consumo directo, pero sí de una ruta, de un tránsito, de una presencia que coloca al estado en el mapa de una sustancia altamente letal.
Contreras Flores detalló que las personas atendidas eran mayores de edad y que, según sus propios testimonios, accedieron a la droga porque se las ofrecieron y decidieron consumirla, en bajas cantidades. Esa narrativa revela otro ángulo, el fentanilo no siempre llega por búsqueda deliberada, sino por disponibilidad y curiosidad, por un entorno donde la oferta precede a la conciencia del riesgo.
Hoy, desde el seguimiento institucional, las atenciones por esta sustancia siguen siendo mínimas. Pero la pregunta que queda en el aire no es cuántos son ahora, sino cuántos podrían ser mañana.
Cinco casos pueden parecer estadísticamente irrelevantes frente a otras adicciones más extendidas, pero también pueden representar el momento exacto para reforzar la prevención antes de que la cifra deje de caber en una sola mano. Porque cuando se trata de fentanilo, la diferencia entre una estadística baja y una crisis suele medirse en tiempo y en vidas.