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Los Paradigmas de una Jornada Laboral más corta

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La reducción de la jornada laboral es el nuevo tema estrella en la Cámara de Diputados, como si fuera la última tendencia de moda. Desde hace más de 60 años, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha estado aconsejando que bajemos de 48 a 40 horas la semana laboral, una sugerencia que parece haber sido ignorada hasta ahora, pero que de repente se ha vuelto el centro de atención. ¿Quizás porque la idea de trabajar menos horas suena tan tentadora que nadie se atreve a rechazarla? O sin pensar en consecuencias lo más importante es colgarse la estrellita.

Pero ahí amigo lector hay cosas que resultan interesantes, sobre todo porque han servido como parte de los argumentos que en algunos comentarios en la opinión pública se han utilizado para exhibir que esta reforma no serviría de nada.y eso está relacionado con el hecho de que a una persona, citando un ejemplo que trabaja en la zona industrial, ante una situación de tráfico prácticamente no estaría aprovechando los beneficios que sustentan la reducción de la jornada, y en este sentido me atrevería a decir que cada argumento que he podido leer y escuchar, tratan el tema con el mismo rigor de la casualidad y lo fortuito.

La propuesta promete un equilibrio encantador entre trabajo y vida personal, presentándose como la solución mágica para el estrés laboral, las enfermedades crónicas y hasta los accidentes laborales. Pero, claro, no todo es tan simple. Se nos dice que esta reducción debe hacerse sin afectar la producción total ni, por supuesto, las ganancias de los trabajadores. Es decir, queremos que todos trabajen menos, pero que la productividad y la economía crezcan  y eso no necesariamente es asi.

Los foros de discusión convocados por la Secretaría del Trabajo parecen jugar un papel  en una obra donde todos los actores tienen un papel que desempeñar. Los representantes del sector privado están de acuerdo, sí, pero siempre y cuando su viabilidad económica no se vea comprometida. Después de todo, ¿quién necesita un entorno laboral saludable si eso puede afectar el PIB? Y aquí estamos, de nuevo, atrapados entre la necesidad de reducir horas y la presión de mantener la máquina económica en funcionamiento.

Imaginemos por un momento que logramos implementar esta reducción. Una disminución escalonada de dos horas al año suena muy bien en teoría, pero hay quienes advierten que podría generarse un aumento del 20% en costos laborales. Esto, claro, es un pequeño detalle que se menciona en voz baja, como si no importara. Al final del día, las Pymes podrían verse forzadas a contratar más personal para mantener la producción, lo que, por supuesto, podría llevar a un aumento del 6.7% en costos. Pero, ¿quién se preocupa por eso cuando estamos hablando de bienestar?

Y hablemos de la complejidad operativa. Reorganizar turnos, optimizar procesos y, por supuesto, lidiar con el registro electrónico de las jornadas laborales. Ah, sí, el registro electrónico, esabrillante idea que garantizará que todos cumplan con la nueva normativa, aunque ya existe en la legislación actual sin carácter obligatorio. Pero, ¿quién no ama añadir más burocracia a su vida laboral?

Finalmente, está la cuestión de las horas extra. La reforma prevé que se puedan trabajar hasta cuatro horas extraordinarias, pero, sorpresa, ¡con un pago del 200%! Sin embargo, si uno depende de esas horas extra para vivir, puede que no todo sea tan dorado como suena. La magia de trabajar menos no siempre se traduce en un cheque más grande.

Así que, mientras los legisladores debaten con fervor sobre cómo llevar a cabo esta reducción, es fundamental recordar que, aunque la idea de una jornada laboral más corta suena maravillosa, la realidad económica del país y las necesidades de las empresas también deben ser consideradas. Al final del día, este juego de equilibrios entre derechos laborales y viabilidad económica podría llevarnos a un camino inesperado. ¿Estamos realmente listos para caminarlo?

Impecable
En un sorprendente giro de los acontecimientos digno de una película de comedia, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha decidido que el Municipio de San Luis Potosí Capital es un modelo de “gestión impecable”. Así es, en su revisión de la Cuenta Pública 2024, la ASF no encontró ni una sola observación. ¡Bravo! Aplausos y confeti para un Ayuntamiento que, según el informe, ha ejercido correctamente el 100% de los recursos fiscalizados.

Manejo Óptimo de Recursos: ¿Quién lo diría? Un municipio que, en lugar de ser el protagonista de un escándalo de corrupción, se presenta como el campeón del uso eficiente de recursos. La ASF ha declarado que no hay irregularidades en el manejo del Gasto Federalizado. La transparencia parece estar de moda, y San Luis Potosí Capital ha decidido ser el líder de esta pasarela.
Pero, seamos sinceros. ¿Es realmente plausible que la administración pública local haya alcanzado tal perfección? En un mundo donde la burocracia y el manejo de fondos públicos a menudo se parecen más a un juego de “quién puede esconder la pelota”, verun dictamen tan “impecable” podría dejarnos rascándonos la cabeza. ¿Dónde están las sorpresas, las intrigas, esas pequeñas irregularidades que suelen condimentar la vida política?

Inversión en la Ciudad: El informe señala que los fondos clave, como el FAISMUN y el FORTAMUN, han sido aplicados en obras de “alto impacto social”. Pavimentación, rehabilitación de vialidades y hasta la compra de uniformes, todo adjudicado conforme a la normativa vigente. ¡Qué suerte la nuestra! Sin embargo, sería interesante saber si esas obras realmente corresponden a las necesidades de la ciudadanía o si más bien son un intento de relucir ante la ASF.

Con este resultado, San Luis Potosí se coloca como uno de los gobiernos locales más responsables del país. Un título que suena impresionante, pero que también puede ser un poco irónico. ¿Realmente estamos dispuestos a creer que no hay nada que mejorar en un municipio donde la gestión pública debería ser un ejercicio continuo de reflexión y ajuste?

En conclusión, la “gestión rigurosa” del municipio es digna de una ovación, aunque quizás deberíamos acercarnos con una pizca de escepticismo y un guiño de sarcasmo. Porque en la política, lo que brilla no siempre es oro. Y mientras celebramos este dictamen, no perdamos de vista la importancia de la vigilancia continua y la rendición de cuentas. Después de todo, la verdadera transparencia no se mide solo por la ausencia de observaciones, sino por el compromiso constante con la ciudadanía.

HASTA LA PRÓXIMA.!!
 

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