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Salud mental en foco: crisis silenciosa que golpea a San Luis Potosí

Tablero político

La escena ocurrió un sábado por la mañana sobre la carretera 57, en un puente peatonal de la vía México, un hombre de 47 años, en plena crisis nerviosa, amenazaba con lanzarse al vacío. Fue la intervención oportuna de elementos municipales —alertados por el sistema de videovigilancia del C4— lo que evitó una tragedia. No es un hecho aislado. En lo que va de 2025, la Policía Municipal ha intervenido en al menos seis casos similares, entre ellos el rescate de otro hombre en el puente Ferrocarrileros. Detrás de cada episodio hay un denominador común, una crisis de salud mental que, lejos de disminuir, se vuelve cada vez más visible.
 
“El joven se encontraba en una crisis nerviosa; afortunadamente, la coordinación con Policía Vial, guardias municipales, Bomberos y Protección Civil permitió su rescate y canalización a Justicia Cívica para su atención médica, y posteriormente a una casa especializada”, explicó el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de la capital, Juan Antonio Villa. Además del auxilio inmediato, se activó la red familiar como parte del acompañamiento. La corporación ha iniciado procesos de capacitación para intervenir sin agravar el estado emocional de las personas, conscientes de que la presencia policial puede detonar reacciones adversas en quien atraviesa un momento límite.
 
Aunque las cifras consolidadas de 2025 aún no han sido publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las tendencias recientes son claras, los hombres concentran alrededor del 84 por ciento de los suicidios en San Luis Potosí, con tasas que superan ampliamente a las mujeres. Los grupos más vulnerables se ubican entre los 15 y 29 años y de 30 a 44.
 
No es casualidad. Especialistas coinciden en que factores culturales como el machismo influyen de manera determinante. A los hombres se les ha enseñado que no deben llorar, que deben ser fuertes, proveedores, inquebrantables. La represión emocional, el temor a pedir ayuda, la presión económica y el aislamiento social se convierten en detonantes. A ello se suman el consumo de alcohol u otras sustancias, la dificultad para expresar sentimientos y la escasa búsqueda de atención psicológica. El resultado es un cóctel silencioso que muchas veces estalla en soledad.
 
El impacto de la salud mental también se refleja en las aulas. El secretario de Educación del Gobierno del Estado, Juan Carlos Torres Cedillo, ha reconocido que parte del abandono escolar está vinculado con problemas emocionales y con el debilitamiento de la comunicación familiar. El uso intensivo de redes sociales y asistentes digitales —como DeepSeek,  ChatGPT— ha sustituido en muchos casos el diálogo en casa, generando aislamiento y, en situaciones extremas, ausencias prolongadas del hogar.
 
Si bien las instituciones educativas participan en la prevención, los casos de desaparición o no localización de menores corresponden a instancias de seguridad y procuración de justicia. La prioridad, ha señalado el funcionario, es fortalecer entornos escolares seguros y apostar por la detección temprana, donde la familia juega un papel clave.
 
En el caso de las mujeres, la salud mental también tiene un rostro preocupante. En lo que va del año se han confirmado 667 casos acumulados de trastornos de la nutrición en la entidad; 402 corresponden a mujeres y 255 a hombres, es decir, el 61 por ciento afecta al sexo femenino. Aunque existe una ligera disminución respecto a 2025, San Luis Potosí se mantiene entre las primeras 15 entidades del país con mayor número de casos.
 
La Secretaría de Salud estatal ha implementado acciones de detección temprana, atención psicológica y psiquiátrica, campañas preventivas y coordinación con el sector educativo. Sin embargo, la presión social por la imagen corporal, los estándares irreales difundidos en redes y la ansiedad asociada a la aceptación social siguen siendo factores determinantes.
 
Más que cifras, vidas
 
La salud mental no es un tema secundario ni exclusivo de especialistas, atraviesa la seguridad pública, la educación, la economía familiar y la estabilidad social. Afecta al hombre que siente que no puede fallar, a la joven que lucha contra su imagen frente al espejo, al estudiante que se aísla detrás de una pantalla.
 
Hablar de salud mental no es una moda; es una urgencia. Porque cada rescate en un puente, cada joven que abandona la escuela, cada mujer que enfrenta un trastorno alimentario, es una señal de que algo en nuestro entorno emocional no está funcionando.
 
La verdadera fortaleza —como sociedad— no está en resistir en silencio, sino en reconocer que pedir ayuda también es un acto de valentía.
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