Vértice
Amigas y amigos de Plano Informativo, hoy les voy a hablar de un tema sensible para muchas personas y por ello hay que abordarlo con tacto. Hoy hablaremos del fenómeno del SUPER BOWL, y aunque a muchos nos cayera de sorpresa… los Patriotas lo hicieron de nuevo. Y conste que no fue sarcasmo.
Sí, ya sé. Para algunos eso es motivo de celebración; para otros, de resignación deportiva. Pero dejemos por un momento el marcador, los análisis técnicos y las discusiones eternas sobre árbitros, dinastías y conspiraciones. Hoy no se trata solo de fútbol americano.
Se trata de algo mucho más grande.
El SuperBowl dejó de ser hace tiempo un simple partido. Se convirtió en un ritual moderno, uno de esos pocos momentos del año donde la gente, fanática o no, se sienta junta, comparte mesa, grita, ríe, discute y, sobre todo, convive.
Es el pretexto perfecto para reunir a la familia que casi no coincide, para llamar a los amigos y decir “cae a la casa”, para que quien no entiende una sola jugada llegue igual, porque habrá comida, risas y conversación.
Hay quien llega por el deporte.Hay quien llega por las alitas.
Hay quien llega solo por el medio tiempo.Y todos tienen razón.
Ese es el verdadero triunfo del SuperBowl, no exige credenciales de fanatismo. No te pide saber reglas ni memorizar formaciones. Te pide algo más simple y más escaso hoy en día estar presente.
En la sala, frente a la televisión, el evento se transforma en espectáculo total. El deporte se mezcla con la música, la publicidad se vuelve tema de conversación y el famoso show de medio tiempo adquiere un peso casi ceremonial. Este año, el escenario lo ocupó BadBunny, confirmando que el SuperBowl ya no es solo deporte, sino un escaparate cultural global donde la música y la imagen también juegan su propio partido. No importa si te gusta o no el género, todos opinan, todos recuerdan, todos comparan.
Y eso también une.
Durante esas horas se suspenden, aunque sea un poco, las prisas, las diferencias políticas y las discusiones cotidianas. Nos sentamos juntos a ver algo que, de una forma u otra, nos conecta. El SuperBowl no divide entre quienes saben y quienes no; divide, si acaso, entre quienes entienden que el valor no está solo en el juego… y quienes todavía creen que sí.
Al final, cuando el confeti cae, el resultado ya es historia, losSeattle se llevaron el SuperBowl, cerrando un partido que se definió hasta el último suspiro. Pero también vale decirlo con claridad,felicidades a la afición de los Seahawks, que acompañó a su equipo con pasión y lealtad hasta el final.
Lo que queda no es solo el marcador. Queda la mesa desordenada, las risas, las discusiones sin consecuencias y el recuerdo compartido. En tiempos donde cada quien vive encerrado en su propia pantalla, el SuperBowl logra algo raro, nos saca de lo individual para volver a lo colectivo, aunque sea por una noche.
Tal vez por eso sigue siendo tan poderoso.No por los Patriotas.
No por Seattle.
Así que, si tú al igual que yo no sabes bien qué ocurre en el campo de juego, aprovecha la oportunidad. Siéntate, comparte y deja que la noche haga lo suyo. Contágiate de la felicidad del emparrillado, de la magia sencilla de reunirse en familia y con amigos.
Y eso, gane quien gane, siempre vale la pena celebrarlo.
De corazón, gracias por su lectura.
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