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AFIANZAN ALIANZA CLAUDIA Y GALLARDO

Detrás del Telón

La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a San Luis Potosí para inaugurar la Universidad Nacional Rosario Castellanos fue algo más que un acto educativo, se mandó una señal política de alto calibre que confirma la relevancia estratégica del estado en el nuevo mapa del poder nacional y la vigencia de la coalición entre Morena y el Partido Verde Ecologista de México, encabezado localmente por el gobernador Ricardo Gallardo Cardona.

El evento se realizó en Soledad de Graciano Sánchez, el bastión político del gallardismo, el epicentro desde el cual el gobernador construyó su capital electoral y lo expandió a todo el territorio potosino; la presencia de Sheinbaum, acompañada de gestos de cercanía y reconocimiento al mandatario estatal, envió un mensaje claro: San Luis Potosí cuenta con el respaldo del gobierno federal y el proyecto político del Verde es un aliado para la agenda de la Cuarta Transformación.

En el plano institucional, la inauguración de la Universidad Nacional Rosario Castellanos refuerza el sistema educativo de educación superior y de acceso gratuito con enfoque social, uno de los ejes discursivos más sólidos del gobierno federal. El compromiso anunciado por Gallardo Cardona de impulsar nuevas unidades —particularmente en la Huasteca y quizá después en Rioverde o Matehuala— no solo abona al desarrollo regional, sino que coloca al gobierno estatal como corresponsable de una política pública emblemática de Morena.

Detrás de la fotografía de unidad es cierto que hay diferencias de matiz que caracterizan la relación PVEM-Morena en San Luis Potosí. Aunque ambos partidos comparten objetivos electorales y pragmatismo político, no siempre coinciden en estilos de gobierno, bases territoriales ni en la lógica de control de estructuras locales, pero la presidenta Sheinbaum no le da vueltas al asunto y reconoce la hegemonía verde que ha logrado Gallardo; los resultados electorales reflejan el quehacer gubernamental estatal.

La coalición es ideológica e instrumental, su estabilidad depende del éxito de la gestión gallardista y el equilibrio de intereses rumbo al 2027; la presidenta Sheinbaum es consciente de estas dinámicas y opta por una estrategia de respaldo público sin intervención directa en las disputas internas.

El mensaje ha sido de acompañamiento institucional, no de subordinación política, dejando margen para que el gobernador Gallardo mantenga su identidad propia y su control del aparato estatal, mientras se garantiza gobernabilidad y alineación con los grandes proyectos federales; esta situación no parecen entenderla los liderazgos locales por novatez e ignorancia política.

El gobernador potosino es activo político de primer orden y en el escenario nacional de reacomodos, aparece como aliado confiable del gobierno federal, y fortalece su posición tanto frente a la oposición local como dentro del complejo entramado de fuerzas que integran la coalición oficialista. El gallardismo gana oxígeno político y proyección más allá de las fronteras estatales.

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