La negativa de Estados Unidos a renovar el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III) con Rusia encendió las alertas internacionales ante el riesgo de que los arsenales nucleares de las grandes potencias queden sin regulación. Con ello, vuelve al centro del debate la doctrina de la “destrucción mutua asegurada” (MAD), formulada por el físico John von Neumann, que sostiene que un primer ataque nuclear provocaría una respuesta devastadora capaz de aniquilar a ambos bandos, funcionando como mecanismo de disuasión.
Este concepto marcó la seguridad global durante la Guerra Fría, periodo de tensiones entre Washington y la extinta Unión Soviética, cuyo momento más crítico fue la crisis de los misiles de Cuba en 1962, cuando el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear.
A lo largo de décadas, ambas potencias firmaron acuerdos para limitar sus arsenales, culminando con el START III en 2010, suscrito por Dmitri Medvédev y Barack Obama, que fijó topes de ojivas y lanzadores. Sin embargo, el tratado expiró el 5 de febrero sin prórroga, pese a la disposición expresada por Vladímir Putin y los comentarios iniciales de Donald Trump, quien posteriormente restó importancia al vencimiento.
Desde Moscú, el portavoz presidencial Dmitri Peskov lamentó la falta de respuesta estadounidense y advirtió que el futuro dependerá del desarrollo de los acontecimientos. Mientras tanto, Washington afirma buscar un nuevo marco de control armamentista. El secretario de Estado Marco Rubio subrayó que cualquier acuerdo del siglo XXI debe incluir a China, cuyo arsenal nuclear crece rápidamente.
El fin del START III, último pilar de contención entre EE.UU. y Rusia, abre así una etapa incierta, marcada por el riesgo de rearme global y por un equilibrio estratégico cada vez más frágil, en un escenario donde ya no solo Moscú y Washington concentran el poder nuclear.