San Luis Potosí, SLP.- En la capital potosina, el miedo ya no siempre nace de un hecho real, sino de una pantalla. Desde enero, autoridades municipales han identificado entre seis y siete videos creados con inteligencia artificial que simulan presuntos hechos delictivos, imágenes que parecen auténticas, pero que nunca ocurrieron.
Estos materiales, que circulan principalmente en redes sociales y aplicaciones de mensajería, han encendido alertas por su capacidad de generar confusión, pánico y una percepción distorsionada de la seguridad en la ciudad. Así lo confirmó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Juan Antonio Villa Gutiérrez, quien reconoció que la tecnología se ha convertido en un nuevo frente de riesgo.
“La tecnología permite que hoy cualquier persona con un teléfono inteligente pueda generar y difundir este tipo de contenidos, lo que representa un reto adicional de prevención”, advirtió el funcionario.
Ante este fenómeno, la Policía Cibernética mantiene un monitoreo permanente para detectar, analizar y desmentir estos videos falsos, aun cuando no deriven en delitos reales. Cada caso activa un proceso de verificación y una evaluación del impacto social que pueden provocar, especialmente cuando los contenidos se viralizan rápidamente.
Villa Gutiérrez explicó que la estrategia va más allá de identificar los videos manipulados. La prioridad, dijo, es cortar la cadena de desinformación antes de que cause daño.
“Nuestra principal estrategia no es solamente identificar estos materiales, sino informar a la ciudadanía para que sepan que se trata de contenidos falsos y no contribuyan a su difusión”, subrayó.
En este esfuerzo, las autoridades también trabajan de la mano con comités vecinales y grupos comunitarios, quienes se han convertido en aliados clave para reportar contenidos sospechosos y ayudar a difundir información verificada.
El secretario destacó que esta vigilancia digital busca anticiparse a los efectos del uso irresponsable de la inteligencia artificial, una herramienta que, mal utilizada, puede erosionar la confianza social y alimentar el temor colectivo.
En una era donde lo falso puede parecer real en segundos, la autoridad reconoce que el desafío ya no solo está en las calles, sino también en el mundo digital.