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La parte que se desgasta en perjuicio de la defensa de la Soberanía Nacional es que se sigan sobando los mismos argumentos románticos de defensa de una libre determinación de los pueblos, y el propio pueblo no vea en sus gobernantes realmente quién los defienda del enemigo que mata dentro de sus propias fronteras.
Y ahora que tenemos un iracundo vecino que está empeñado en legitimar su gobierno nacionalista a ultranza y que presenta rivalidad entre los demás países, incluso los que solían ser sus aliados; menudo argumento resulta ahora que nuestro gobierno federal se envuelva en un tratado y se lance al vacío desde el escritorio al estilo Juan Escutia.
La relación entre el gobierno de Donald Trump y la administración de Claudia Sheinbaum en México se ha convertido en un laberinto de tensiones y desafíos diplomáticos. Desde el regreso de Trump a la escena política en 2025, las dinámicas han estado marcadas por un uso estratégico de la presión económica y política, donde las amenazas de aranceles y la manipulación de acuerdos comerciales se han convertido en herramientas habituales. Este contexto no solo refleja la búsqueda de concesiones por parte de Estados Unidos, sino también la resistencia de México a ceder en aspectos fundamentales de su soberanía.
La amenaza de aranceles, que podría alcanzar hasta el 30% sobre productos mexicanos, ha sido una constante en las negociaciones. Esto se ha traducido en una serie de acuerdos, como el reciente compromiso de México de entregar una cantidad mínima de agua a Estados Unidos para evitar sanciones. Sin embargo, este tipo de negociaciones pone en evidencia una realidad incómoda: la presión externa puede llevar a compromisos que afectan la autonomía de un país. La administración de Sheinbaum ha tratado de navegar estas aguas turbulentas con una defensa clara de la soberanía nacional, dejando en claro que la "soberanía no está en venta". Su rechazo a la oferta de Trump de enviar tropas estadounidenses para combatir a los cárteles es un ejemplo de esto; un acto de afirmación que busca reafirmar la independencia de México frente a las injerencias externas.
La situación se complica aún más con el tema del fentanilo y la seguridad. Aunque la presión sobre México ha aumentado, llevando a un incremento en la presencia de la Guardia Nacional en la frontera y a una mayor extradición de narcotraficantes, estas decisiones son el resultado de un contexto de coerción más que de un acuerdo equitativo. La retórica de ambos líderes, descrita como "cordial" en sus conversaciones, contrasta con la realidad de una relación que sigue siendo tensa y volátil, donde cada llamada telefónica parece ser un intento de desactivar crisis inminentes más que un diálogo constructivo.
El estilo de negociación de Trump, que oscila entre la amenaza y el elogio, ha dejado a Sheinbaum en una posición delicada. Su firmeza en la defensa de la soberanía mexicana se enfrenta a un entorno en el que la economía y la política están entrelazadas de manera crítica. En este sentido, su declaración de que "gobierna el pueblo" resuena como un eco de la necesidad de poner en primer plano los intereses nacionales frente a las demandas de una superpotencia que busca moldear la política de su vecino.
El futuro de esta relación, especialmente con la renegociación del T-MEC a la vista, promete ser un desafío aún mayor. Las posiciones se están endureciendo y la presión de Estados Unidos no parece disminuir. En este contexto, la capacidad de Sheinbaum para sostener una postura firme en defensa de la soberanía de México será crucial, no solo para salvaguardar la dignidad nacional, sino también para garantizar que las decisiones que se tomen no estén dictadas únicamente por las amenazas externas, sino por un compromiso genuino con el bienestar del pueblo mexicano.
Y en medio de todo esto estamos todos nosotros, amigo lector, que contamos horas o a veces minutos ante las ocurrencias de un vecino en el norte que parece estar embriagado de sus alcances. Y lo que ocurrió con Venezuela es una señal que debe invitarnos a una reflexión seria de lo que son capaces sin pedir ningún permiso.
Y el resultado de ello no dejará de ser para San Luis Potosí un factor importante si no perdemos de vista que el crecimiento económico derivado de las inversiones se encuentra en un riesgo constante por el escenario en el que también estamos inmersos.
HASTA LA PRÓXIMA.