San Luis Potosí, SLP.- Este 2 de febrero, los templos de la capital potosina se convirtieron en puntos de encuentro donde la fe, la tradición y la memoria familiar caminaron juntas. Cientos de personas acudieron a las iglesias para bendecir a sus Niños Dios, una escena que, más allá del ritual religioso, refleja la persistencia de una costumbre que se resiste a desaparecer con el paso del tiempo.
La celebración del Día de la Candelaria marca oficialmente el cierre del ciclo navideño dentro de la tradición católica. Con ello, las figuras del Niño Dios salen por última vez de los hogares para ser presentadas en los templos, en un gesto simbólico que combina devoción, identidad y continuidad cultural.
Las familias llegaron con sus imágenes cuidadosamente vestidas, muchas de ellas con ropajes elegidos con esmero y significado especial. Para quienes participan año con año, no se trata solo de cumplir una tradición religiosa, sino de honrar una práctica heredada de padres y abuelos, que hoy sigue viva entre nuevas generaciones.
Al término de la bendición, los Niños Dios regresan a casa para ser guardados nuevamente, a la espera de la próxima Navidad. Así, entre velas encendidas y rezos compartidos, la Candelaria no solo cierra una etapa del calendario litúrgico, sino que reafirma la fuerza de las tradiciones que siguen dando identidad a las familias potosinas.