San Luis Potosí, SLP.- Ante la escalada de tensiones internacionales provocadas por la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles a los países que vendan petróleo a Cuba, la Iglesia católica en San Luis Potosí alzó la voz y pidió la intervención de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como mediadora para evitar un mayor impacto económico y social en la isla y en otras naciones involucradas.
El arzobispo potosino, Jorge Alberto Cavazos Arizpe, advirtió que este tipo de medidas unilaterales no solo profundizan el aislamiento de Cuba, sino que generan efectos colaterales que terminan afectando a miles de personas, particularmente a las más vulnerables. Recordó que históricamente Venezuela fue uno de los principales proveedores de petróleo y recursos para la isla, situación que cambió tras las sanciones e intervenciones impulsadas desde Washington, dejando a Cuba en una situación de mayor fragilidad energética.
Desde esta perspectiva, el jerarca católico evocó el pensamiento del Papa San Juan Pablo II, al subrayar que el camino no es el cierre ni el castigo económico, sino el diálogo entre naciones. “Yo recuerdo mucho unas palabras del Papa San Juan Pablo II: que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba. Eso debe darse entre todas las naciones, independientemente de bloques ideológicos de izquierda o de derecha; ahí es donde los organismos internacionales son fundamentales”, expresó Cavazos Arizpe.
El arzobispo insistió en que la ONU fue creada precisamente para proponer rutas de entendimiento, generar orientaciones y establecer marcos legales que permitan resolver conflictos internacionales sin recurrir a medidas que agraven las crisis humanitarias. A su juicio, la amenaza de aranceles y bloqueos energéticos no es un tema menor, pues suele traducirse en inflación, encarecimiento de productos básicos y presiones sobre las monedas, afectando tanto a países sancionados como a los que comercian con ellos.
Finalmente, Cavazos Arizpe llamó a no perder de vista el principio de la solidaridad internacional, sin dejar de atender las realidades locales. “Como en una familia, no se puede dejar de ayudar; nadie es tan pobre que no pueda dar algo, incluso desde su propia pobreza. Por eso es tan importante que se dé el diálogo, porque las decisiones arancelarias terminan impactando la economía global y la vida cotidiana de las personas”, concluyó.