Mantener amistades a lo largo del tiempo suele ser un reto mayor para muchos hombres, debido a factores sociales, culturales y emocionales que influyen en la forma en que se construyen y sostienen estos vínculos. La falta de espacios para la expresión emocional, las responsabilidades laborales y la idea tradicional de la masculinidad suelen debilitar las relaciones amistosas masculinas con el paso de los años.
Entonces, una vez aclaro que esto no se trata de que todos los hombres tengan el mismo patrón de comportamiento, ni mucho menos de que su género los haga incapaz de tener amistades fuertes, vamos a comenzar por reconocer los patrones socioculturales y psicológicos que influyen en cómo se forman y mantienen los vínculos sociales según el género, retomando estudios como el titulado Why Men Need Authentic Friendships Now More Than Ever, de Resilience and Rigor y Why Are Men Less Likely to Have Close Friends?, de Medihertz.
Poca expresión de las emociones
Durante muchos años, a los hombres se les ha educado bajo la idea de que deben ser siempre fuertes y no mostrar sus emociones. Frases como el ya viejo “los hombres no lloran” o “sé fuerte como un hombre” han condicionado a muchos hombres a sentir que no pueden expresar sus emociones y tampoco mostrarlas, incluso, llega a ser difícil para ellos siemplemente el poder identificar qué sienten y cómo pueden expresarlo. Naturalmente, es difícil mantener amistades entre hombres y vinculaciones profundas bajo esa tensión, pues para poder relacionarse siempre será importante reconocer nuestras debilidades y momentos menos fuertes, con el fin de entender en qué podemos mejorar, qué nos hace sentir mal y hasta cómo poner límites saludables.
Más actividades que conexiones
Varios estudios registran que entre hombres es más común encontrarse con dinámicas de actividades “lado a lado” que con momentos de intimidad. Es decir, que sus planes para pasar el rato entre amigos suelen ser hacer deporte juntos, salir de paseo o incluso solamente sentarse a mirar la televisión en un espacio compartido. En estas dinámicas, rara vez se genera una conexión íntima pues no se favorece el poder tener un espacio de confianza para hablar sobre lo que cada quien está viviendo, lo que siente ni sus posibles vulenrablidades. En línea con el punto anterior, esto genera amistades más superficiales que profundas y con ello es difícil mantener la conexión a largo plazo. Aunque parece el cliché de una película, lo cierto es que entre mujeres se estila más el hacer de la reunión entre amigas un momento exclusivo para sentar a escucharse entre sí, ya sea en una casa, un café o en donde sea. Lo cual nos lleva al siguiente punto.
Poco acompañamiento
Para muchas personas, es realmente difícil ser un buen oyente y en ese sentido, si alguien cuenta algo que podría requerir de mayor atención y seguimiento, se puede obtener como respuesta una frase simple o poca continuidad sobre el tema. Volvemos a la comparación: es más usual que las mujeres presten atención a lo que le sucede a otras personas y den seguimiento a ello con preguntas como “¿Cómo sigue tu hermano con lo que me contaste?” o “¿Cómo te has sentido con eso que te preocupaba?”, actos de cuidado que son fundamentales en una relación de amistad profunda. Y, de nuevo, aunque los estudios registran un patrón de dificultad para concentrarse y profundizar en las experiencias ajenas que se inclina más hacia los hombres, cualquier persona puede aprender a ser un mejor oyente al mirar a los ojos a la persona mientras habla, hacer preguntas de seguimiento y genuinamente interesarse por lo que tiene que compartir. No es por nada, pero esto también te hará un gran prospecto para las relaciones de pareja.
Lamentablemente, este problema va en aumento. Mientras que un estudio realizado en 2024 por el Centro de Encuestas sobre la Vida en Estados Unidos descubrió que solo el 26 por ciento de los hombres declaraban tener seis o más amigos íntimos, en una encuesta del mismo estilo realizada en 1990, esta cifra era del 55 por ciento. Por lo mismo, es importante que las personas de cualquier género se den la oportunidad de conectar con sus seres queridos de forma profunda, compartiendo espacios de intimidad, desahogo y cariño, sin temer ser juzgados por ello. Además, estas dinámicas deben ser un complemento a los roles que enventualmente se pueden adquirir como la patrernidad o las responsabilidades laborales.