Viajar a Costa Rica desde lo sensorial y lo cultural
Desconectarse no siempre empieza cerrando la laptop; a veces comienza con algo tan simple como prestar atención a lo que se prueba. En la costa de Guanacaste, al oeste del país, por ejemplo, hay experiencias que combinan ron añejado con chocolate artesanal hecho a partir de cacao local, invitando a un recorrido sensorial que conecta directamente con las raíces mesoamericanas del país. El cacao, considerado sagrado y utilizado durante siglos en rituales y como moneda, sigue teniendo un profundo significado espiritual para pueblos indígenas como el bribri, que lo relacionan con el equilibrio y el vínculo con la tierra.
Esa conexión cultural no se queda solo en el sabor. También se refleja en espacios que integran referencias a la marimba, la cerámica chorotega y los paisajes del bosque tropical seco, como ocurre en W Costa Rica Reserva Conchal, donde el diseño dialoga con el territorio y refuerza esa sensación de estar inmerso en la identidad local. Así, viajar a Costa Rica se convierte en una experiencia que se escucha, se observa y se disfruta.
El bienestar como forma de reconexión
En la costa del Pacífico, el descanso adquiere otro significado cuando la rutina se alinea con el entorno natural. Hay lugares donde el día arranca con yoga frente al mar, continúa con recorridos en bicicleta entre vegetación tropical y se complementa con caminatas guiadas para descubrir fauna silvestre y árboles nativos. En estos escenarios, el bienestar no es un servicio extra, sino parte esencial de la experiencia de viaje.
Las pausas también se saborean en forma de café, presentado no solo como bebida, sino como expresión cultural profundamente arraigada en la vida costarricense. Esta filosofía de equilibrio (que invita a dormir mejor, moverse más y alimentarse de forma consciente) se vive en espacios como The Westin Reserva Conchal, que además destaca por ser el primer resort todo incluido en América certificado como carbono positivo, integrando hospitalidad y responsabilidad ambiental. Aquí, viajar a Costa Rica significa encontrar un ritmo más humano, donde el cuerpo y la naturaleza vuelven a ir de la mano.
Acciones pequeñas, impacto real
La desconexión digital también abre espacio para una conexión más activa con el entorno. En el Golfo de Papagayo, algunas experiencias permiten a los viajeros participar directamente en iniciativas de conservación, como la siembra de especies nativas como cenízaro y roble, que más tarde continúan su crecimiento en áreas protegidas. Es una manera simbólica, pero tangible, de dejar algo positivo en el destino que se visita.
Muy cerca, el océano ofrece otro tipo de encuentro: salidas en bote para observar delfines, tortugas, mantarrayas y ballenas en temporada permiten apreciar la vida marina en libertad, recordando que la naturaleza se observa con respeto. Y para quienes prefieren sentir la energía del mar en el cuerpo, las olas del Pacífico se convierten en el escenario ideal para clases de surf, uno de los deportes que más identidad le ha dado al país. Todo esto forma parte de la experiencia que propone El Mangroove, Autograph Collection, donde el viaje se vive con conciencia ambiental y espíritu activo.
Cuando el entorno dicta la experiencia
Más al sur, donde el bosque seco se encuentra con la selva más húmeda a la orilla de un río caudaloso, la experiencia cambia. Aquí no hay pasillos ni un edificio central, sino senderos que recorren construcciones dispersas que parecen un antiguo pueblo rodeado de naturaleza. Plazas abiertas, una cantina como punto de encuentro y rincones que se sienten descubiertos crean un ambiente donde el tiempo se percibe de otra manera.
Este concepto cobra vida en Santa Lucía Jungle Hacienda, Autograph Collection, en Tárcoles, Puntarenas, un espacio inspirado en antiguas haciendas y en leyendas locales sobre exploradores, pueblos desaparecidos y tesoros ocultos en la selva, como la mítica búsqueda del oro del cacique Garabito. La narrativa invita a caminar sin prisa, escuchar el río y dejar que la curiosidad guíe el día. Viajar a Costa Rica en un entorno así permite que cada instante se sienta único y que la naturaleza marque el ritmo del día.
Al final, viajar a Costa Rica es mucho más que cambiar de paisaje: es cambiar de ritmo, de prioridades y de forma de mirar el mundo. Entre sabores con historia, bienestar en equilibrio con el entorno, acciones que apoyan la conservación y estancias inmersas en la selva, el país demuestra que la verdadera desconexión digital no se logra apagando el teléfono, sino encendiendo de nuevo los sentidos.
A lo largo de esta ruta, espacios como W Costa Rica Reserva Conchal, The Westin Reserva Conchal, El Mangroove y Santa Lucía Jungle Hacienda —todos parte del portafolio de Marriott International— muestran que la hospitalidad también puede ser una puerta de entrada para conectar con la naturaleza, la cultura local y un ritmo de viaje mucho más consciente.
Porque desconectarse no termina cuando acaba el viaje, también puede empezar en tu día a día. Descubre qué es un detox digital, por qué hacerlo y cómo empezar.