De Kanye West se pueden decir muchas cosas: hablar de sus escándalos, incluso de sus trastornos mentales, pero cuando se trata de música, sólo queda reconocer su genialidad.
Obligado a alejarse de los escenarios debido a su mala reputación y a múltiples comentarios desacertados, anoche el rapero regresó de manera electrizante a la Plaza de Toros La México, ante 40 mil personas, de acuerdo con cifras oficiales.
"¡Ye, Ye, Ye, Ye!", como también se le conoce, aclamaban los miles de fanáticos reunidos, haciendo vibrar el recinto. El escenario, que ocupaba toda la explanada de la Plaza, humeaba antes de la llegada de West.
En punto de las 20:05 horas, seis hombres vestidos de blanco arribaron al entarimado con antorchas encendidas, en medio de coros que calentaban el ambiente.
En los altavoces comenzó a sonar "Heartless", anunciando la llegada del originario de Chicago. El rapero no tenía banda sobre el escenario, mucho menos coristas, pero los asistentes asumieron esa tarea: lo recibieron como a un predicador, dispuestos a seguirlo en cada paso.
El entarimado, sin estructuras ni pantallas, le permitió al también productor, de 48 años, ofrecer una experiencia de 360 grados en la que "Ye" celebró sus éxitos. "Power" y "Black Skinhead" encendieron de manera desenfrenada al público, mientras los fuegos artificiales elevaban la experiencia.
North West, primogénita del cantante con Kim Kardashian, acompañó a su padre en su regreso a los escenarios. En un intento por reconectar con su hija, de quien había permanecido alejado debido a su salud mental, la música fue el puente.
"TALKING", "Only One" y hasta "Carnival" sonaron en medio de una energía desbordante. De cabello azul y pantalones anchos, North sorprendió a los seguidores de su padre con su presencia. Ambos intercambiaron unas palabras, se abrazaron y Kanye la acompañó de vuelta al túnel.
West celebró lo mejor de su discografía, desde The College Dropout, su álbum debut, hasta 808s & Heartbreak y My Beautiful Dark Twisted Fantasy.
"Ye" se dedicó por completo a rapear, pero también reconoció la entrega de su público: pidió detener la pista en varias ocasiones para escuchar los aplausos y los coros. Recorrió cada metro del escenario, logrando que nadie se quedara con vista limitada, lo que reforzó la conexión con la audiencia. Mientras que clásicos como "Jesus Walks" y "Through the Wire" provocaron una euforia colectiva.
En la primera de dos noches en el recinto, el rapero disfrutó su espectáculo: bailó, saltó y animó al público a cantar con él.
Aunque su nuevo álbum BULLY estaba programado originalmente para estrenarse ayer, el lanzamiento fue retrasado; aun así, los mexicanos pudieron escuchar un adelanto durante el show.
Como acto final y de redención, "Ye" miró detenidamente a su público y se quitó los audífonos para escuchar los gritos. De pocas palabras, el cantante solo lanzó una pregunta: "¿Se divirtieron? Porque tengo una última canción".
"Runaway", su tema más íntimo, en el que reconoce sus defectos y abraza la aceptación de su personalidad "tóxica", fue la pieza con la que se despidió, pasadas las 22:20 horas.