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El jaque mate adelantado

Tablero político

En política, como en el ajedrez, no siempre gana quien mueve primero, sino quien entiende el tablero. Y hoy, el tablero nacional ya marcó el ritmo que inevitablemente se replica en San Luis Potosí. La decisión de Morena, PVEM y PT de mantenerse unidos rumbo a 2027 fue ese movimiento silencioso pero contundente que puso en jaque a sus adversarios. Mientras PRI y PAN siguen discutiendo quién sostiene la mesa, la alianza oficialista ya acomodó sus piezas mayores y obligó a los otros a jugar con prisa, nerviosismo y, sobre todo, sin estrategia clara.

A nivel local, la reacción de Morena fue medida y parece que se entendió bien el papel que le toca jugar, avanza con cautela, sin comprometerse de más. Su discurso fue de mesura, pero también de posicionamiento, Morena hoy es la pieza con mayor movilidad en el estado, y puede esperar sin perder terreno. Esa calma contrasta con la desesperación de una oposición que confunde ruido con fuerza.

Del otro lado del tablero, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona habló como quien mueve la torre, firme, directo y con visión de estructura. Su mensaje fue claro, en la alianza nadie se queda fuera, todos tienen carril, todos juegan. Traducido al ajedrez político potosino, el PVEM no improvisa, ordena. La reunión anunciada con Morena y el acercamiento con el PT muestran que la coalición no sólo existe en el discurso nacional, sino que ya se empieza a ensamblar en lo local, con reglas, tiempos y reparto proporcional del poder. Eso, hoy por hoy, es ventaja pura.

En el Congreso, el Verde también movió ficha. Héctor Serrano Cortés se comporta como un alfil bien colocado, ideológico, constante y alineado al proyecto central. Su respaldo a la alianza no es retórico, es estratégico. Reconoce al PVEM como parte orgánica de la Cuarta Transformación y deja un mensaje incómodo para Morena: en San Luis Potosí, el Verde es la primera fuerza, con resultados electorales recientes que lo avalan. No amenaza, pero advierte; no impone, pero exige reconocimiento. En ajedrez, eso se llama control diagonal del tablero.

Mientras tanto, el PAN juega como un caballo desorientado, saltando sin rumbo. La renuncia de la diputada Aranza Puente no es un hecho aislado, es síntoma. Un partido atrapado entre su discurso de valores y su evidente cercanía con el proyecto de Enrique Galindo, al punto de convertir al blanquiazul en una pieza prestada. La narrativa de “traición” que intenta imponer su dirigencia no convence cuando las imágenes de sus liderazgos en eventos ajenos se multiplican. El PAN no pierde por la salida de una diputada; pierde porque ya no sabe para quién juega.

Y el PRI… el PRI apenas si conserva peones. La postura de Sara Rocha intenta sonar combativa, pero se lee como negación. Decir que Morena “está en el suelo” mientras necesita llamar a una gran alianza opositora para sobrevivir es una contradicción evidente. Hablar de democracia desde un partido fracturado, sin presencia real y sin narrativa renovada, resulta más un eco del pasado que una propuesta de futuro. En el ajedrez político potosino, el PRI ya no ataca, resiste, y mal.

Hoy, el panorama es claro. La alianza PVEM–Morena–PT ya dio su primer jaque, nacional y local. Tiene estructura, tiene perfiles, tiene resultados recientes y, sobre todo, tiene rumbo. PAN y PRI, en cambio, juegan reactivos, divididos y sin un rey protegido. Falta camino rumbo a 2027, sí, pero hay algo que ya se nota en el tablero, unos juegan para ganar la partida; otros, sólo para no caer en jaque mate.

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