Hay valores a valores, algunos son personales, otros colectivos, la propiedad, el secretismo familiar, la dignidad, el velo soberano de un país, las costumbres universales, las culturas regionales, son valores con distinto parecer; otros, aquellos que se guardan en la religión, en las ideologías políticas, donde cada individuo las somete a su juicio personal y las transmite a su forma de ver la verdad. Opiniones son apreciadas por su valor justo por el peso que representa y no, por el número de opiniones, cuando estas últimas son aceptadas por mucho, es solo chismorreo, intriga, pacificación de las almas para estar tranquilos consigo mismos. Hay una palabra que deberíamos tener en cuenta, son momentos de difícil convencimiento a las masas y lo fácil del acceso a la información, para que las opiniones en el debate público tengan más peso y menos paja.
La Justipreciación, justipreciar, usada para términos económicos o jurídicos, basados en evidencias creíbles para otorgar y conservar información fidedigna, pero en términos generales, sería la asociación de datos, evidencias, comprobaciones que den valor a la opinión siempre firme en su objetividad. No se trata de solo argumentar con base en creencias o murmuraciones, se requiere que una opinión tenga un respaldo sólido, teorías claras, que permita y de valor a lo que se plantea.
Justipreciar, no respeta lo que se dice sin argumentos, ni respeta la opinión falsa o contradictoria; “Respeto tu derecho a opinar, no a lo que dices”.
Viviendo en una era donde la información esta al alcance de un clic, podemos ordenar nuestras ideas como primer paso, investigamos un poco, incluso diversas fuentes, aun cuando no sean de nuestro agrado, discernimos, generamos pensamiento crítico, para después, entonces sí, entrar en un debate sólido, justipreciado, que justo eso, nos hará tanto bien a toda la humanidad.
En un momento de desinformación mal intencionada, cientos de temas en el mundo tratados por supuestos expertos en la narrativa incondicional de los poderosos, respaldados por grandes corporaciones de comunicación. Tenemos ante nosotros en pleno siglo XXI a “periodistas oradores, farsantes paladines de la fe”, una frase acuñada en el siglo XVII por Feijoo, un pensador español; como vería las cosas de antaño, hoy más vivas que nunca.
Dos narrativas diferentes, con objetivos comunes e inquietantes intereses propios. ¿Quién en su sano juicio, les cree a los gringos?, bueno, solo aquellos que son amparados por el poder y el dinero, beneficiados del crimen o aquellos que sueñan con Mikey Mouse en su habitación, aun cuando tienen 60 o 70 años; los güeros nos dicen “amigos” cuando en verdad, la oligarquía gubernamental norteamericana nos odia.
El gobierno de México, vive momentos de presión inusitados. Hace unos días un narcotraficante canadiense, repito canadiense, fue secuestrado en nuestro país, sin aviso al consulado de Canadá, simplemente vino el FBI y se lo llevó. Ryan Wedding, comparado en peligrosidad y negocio sucio con Pablo Escobar de Colombia. A Ryan se le vio supuestamente entregándose a las autoridades, frente a la Embajada de los Estados Unidos, con una fotografía y video en redes sociales hechos con Inteligencia artificial, lo presentaron como un gran logro de trabajo conjunto, vino el director de la agencia policial FBI a visitar a la presidenta Claudia Sheinbaumdos días antes. ¿Cuál problema sería eso? Tal ves ninguno, pero, dentro de las narrativas norteamericanas aseguran que Ryan se entregó, solo basta revisar las cámaras de avenida reforma en la CDMX para verificar lo dicho por los Yankis…veremos quién miente.
El FBI asegura en los medios de comunicación norteamericanos, que fue un operativo realizado con el equipo que secuestró a Nicolás Maduro, pero también el gobierno mexicano asegura que quien lo detuvo fueron policías mexicanos. Ante todo esto, estamos en una violación de la soberanía nacional, una intromisión directa del gobierno de Trump, ellos no lo detuvieron solo quieren obtener propaganda para Donald, 38% de aceptación requiere de todo. No se sabe bien a bien, como fue el operativo para detener al canadiense, si lo sabe con certeza la presidencia ¿por qué no decirlo? La realidad ha rebasado la narrativa de la soberanía nacional, ya no le alcanza a la presidenta el discurso soberano, como también, dejarse llevar por una presión negativa gringa, es estar engañados como a un niño con un dulce, para llevarlo a vacunar. Es el momento de realizar cambios en el equipo de comunicación de la presidenta Sheinbaum. Ni todos son expertos en comunicación, ni todos son en seguridad, a cada quien su corresponsabilidad.
“El poder vive del robo, morirá en el momento que las víctimas no se dejen robar”
Una invitación que pocos aceptaron “la junta de paz” para Gaza, los grandes aliados de Estados Unidos rechazaron la invitación, primero por el boleto 1000 millones de dólares, segundo la junta seria para reconstruir Gaza sobre cimientos de cadáveres de niños, solo unos cuantos países aspiracionistas a ricos, como Argentina accedieron ser miembros del club nuevo resort palestino, para gente nice. Sus habitantes, esos pobres que ni la voz se les dejan escuchar, serán sin duda esclavos de 26 países, aquí la lista de los engañados, Paraguay, Pakistán, Marruecos, Mongolia, Kuwait, Kosovo, Kazajistán, Jordania, indonesia, Hungría, Egipto, El Salvador, Camboya, Bulgaria, Bielorrusia, Bahréin, Albania, Azerbaiyán, Armenia, una nueva ONU, muchos de ellos con gobiernos autoritarios, con pobreza extrema que rebasa el 70 % de la población de cada país. La unión de los egoístas.
Algunos otros lo van ha pensar, como el Vaticano, el Estado donde se encuentra el Vicario de Cristo, inverosímil con solo pensarlo. La iglesia católica, donde reside señor Papa León XIV, su ¡Santidad!, el representante de Cristo en la tierra, tenía que ser norteamericano, ni siquiera por equivocación, tendría que pensarlo o razonarlo, ¡es un crimen contra la humanidad! es hacerle el juego a Trump, el mayor terrorista del mundo. Construir una paz con edificio suntuosos, Riviera de diversión, bajo el desmantelamiento de un pueblo robado, bajo los esqueletos símbolos del terror ejercidos por Israel, los preferidos de Jesús, los pobres y desamparados, sobre ellos construirán la nueva Gaza, seguramente construirán templos en cruz, como para recordar que ahí siguen mandando los modernos romanos, conquistadores del mundo.
La Iglesia Católica jerárquica, siempre del lado del capital, de la bota fascista.
Como adulación al nuevo mecías, estarán en las avenidas principales monumentos gigantescos al genocida de Donald Trump y a su compañero ejecutor, Benjamín Netanjahu, inseparables en la guerra.
“Mato para robar , mato para hacer la paz” el fascismo.