Vértice
Amigas y amigos de Plano Informativo, hoy hablaremos del Sarampión, delriesgo, respuesta y la fuerza de cuidarnos juntos.
Hay momentos en los que la salud colectiva nos recuerda que ninguna generación está libre de desafíos.Hoy en México, el sarampión, esa enfermedad que muchos creíamos superada, ha vuelto a poner bajo foco nuestra capacidad de prevención, coordinación y cuidado comunitario.
En 2026 se confirmó la primera muerte por sarampión del año en el país, y las cifras de casos activos alcanzan cerca de mil solo en enero, en medio de un brote que suma varios miles desde 2025.
El virus no discrimina, afecta a comunidades enteras, especialmente a quienes no cuentan con esquema de vacunación completo, y ha llevado a autoridades a mantener vigilancia epidemiológica constante en todas las entidades federativas.
Parecería que hablamos de un pasado remoto, pero la realidad nos recuerda que las enfermedades infecciosas son tan antiguas como la humanidad misma. Lo importante no es alarmarnos, sino entender lo que este brote nos dice sobre nosotros mismos, que la salud pública es una construcción colectiva, que ninguna generación está exenta de riesgos si descuida la prevención, y que la reacción, más que pánico, debe ser conciencia, vacunación y solidaridad.
El sarampión es altamente contagioso, pero también altamente prevenible. Es precisamente este contraste, entre riesgo y protección, lo que nos da una gran lección. Cuando las coberturas de vacunación bajan o se ponen en riesgo, reaparecen viejas amenazas que la ciencia ya había mantenido bajo control. Y esto no es peculiar de México, en Europa países como Reino Unido y España han perdido el estatus de “libre de sarampión” debido a un descenso en las tasas de vacunación.
La respuesta en México, por su parte, está en marcha y con herramientas sólidas.
El gobierno ha garantizado abasto suficiente de vacunas y ha reforzado la estrategia nacional de inmunización para incluir incluso la llamada “dosis cero” en bebés recién nacidos, antes de cumplir el año de edad.
Además, se han reactivado campañas enfocadas en completar los esquemas de vacunación para niñas, niños y adultos con rezago, y se trabajan protocolos epidemiológicos de vigilancia y contención en tiempo real para detectar y detener cadenas de transmisión.
¿Qué nos enseña todo esto?
Primero, que la salud pública no es algo automático, sino un esfuerzo colectivo que se construye día a día con políticas efectivas, acceso a servicios y participación social.
Segundo, que cuando hay coordinación entre autoridades y ciudadanía cuando las familias acuden a vacunarse, cuando se respetan los esquemas de inmunización, cuando se comprende el valor de la prevención es posible frenar brotes que en otros tiempos habrían sido devastadores.
Y tercero, que la vacunación sigue siendo una de las herramientas más poderosas de la biomedicina moderna. Contra enfermedades como el sarampión, no hay substituto, la vacuna salva vidas, evita complicaciones graves y mantiene a las comunidades fuertes frente a riesgos que no desaparecen simplemente por desearlo.
Decir que estamos frente a un reto no es pesimismo.Es reconocer que la salud es un logro común, y que cada dosis aplicada, cada madre y padre informados, cada persona que completa su esquema de vacunación, es parte de una respuesta positiva, proactiva y solidaria.
La epidemia no define a México.Lo que define a México, y lo que verdaderamente importa es cómo respondemos juntos, con ciencia, prevención y cuidado mutuo.
Y ahí no hay viralidad que nos supere.
De corazón, gracias por su lectura.
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