San Luis Potosí, SLP.- La paciencia se agotó en la telesecundaria Damián Carmona, en el fraccionamiento Mártires de la Revolución. No fue un acto improvisado ni un arrebato momentáneo, fue la respuesta directa de madres y padres de familia a semanas de clases incompletas, grupos sin atención y un silencio institucional que, aseguran, ya resulta ofensivo para quienes deberían garantizar el derecho básico a la educación.
La asociación de padres decidió cerrar la escuela como medida de presión para que la Secretaría de Educación de Gobierno del Estado (SEGE) atienda una carencia concreta y verificable, faltan dos maestros. No piden recursos extraordinarios ni infraestructura nueva, piden algo elemental para que una escuela funcione, docentes frente a grupo.
Las pancartas colocadas en la entrada no sólo fueron un reclamo, sino un diagnóstico público. “Exigimos maestros para nuestros hijos”, “La educación es un derecho que no se les está dando”, “Nos hacen falta dos maestros de telesecundaria”. Mensajes simples, pero contundentes, que evidencian cómo una omisión administrativa se traduce directamente en horas perdidas de aprendizaje.
La decisión de colocar cadena y candado en la entrada buscó forzar una reacción inmediata. Para los padres, cerrar la escuela no es cerrar la educación, sino exhibir que ésta ya estaba siendo vulnerada desde antes, cuando los grupos quedaron sin maestros y sin respuesta oficial durante semanas.
Más allá del conflicto puntual, el caso deja una pregunta incómoda para las autoridades educativas, ¿cuántas escuelas más funcionan a medias sin que nadie lo note? En esta telesecundaria, al menos, los padres decidieron que el silencio ya no era una opción y que el derecho a la educación no se defiende con discursos, sino con maestros en el aula.