No hay que vivir de espaldas a la luz; porque vemos lo iluminado, pero no, al que lo ilumina.
Si la vida tiene luz, es porque hay un ser que ilumina lo que vemos.
Pero, por error, nosotros hemos dado la espalda, al ser que es la luz.
Dios, es quien ilumina, y le da sentido a lo que estamos viendo, y viviendo.
Sin Dios, es imposible ver con claridad, cualquier situación.
Y, en estos días, hay muchos hombres que viven apagados. Ya que, por liberarse de Dios, se quedaron a oscuras.
Dice el profeta: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció” (Is.8).
Necesitamos la luz que brilla allá en lo alto, para que todo se clarifique; el mundo necesita recuperar el rumbo.
Vivir sin Dios, es caminar en tinieblas; sin rumbo, y sin dirección.
El hombre que no ve, se la pasa dando de manotazos; sin darse cuenta, a quién está golpeando.
Por eso, es necesaria la conversión, es decir, hay que volver la mirada hacia el Señor, para volver a la luz.
Así dice el Evangelio: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. (Mt.4).
La gloria, ya está con nosotros, pero le estamos dando la espalda.
Por tanto, no vivamos apagados, para no vivir sumergidos en la tristeza.
No olvidemos, que Dios es el único que nos salva, del mar de las tinieblas.
Digamos con el salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación”. (Salm.26).
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
Evangelio
Del santo Evangelio según san Mateo: 4, 12-23
Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que yacía en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.
Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y yo los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.
Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.
Palabra del Señor.