San Luis Potosí, SLP.- El asalto a una joyería en pleno Centro Histórico, cometido alrededor de las siete de la noche y a plena luz del día, no solo dejó en evidencia una nueva falla en materia de seguridad, detonó una crítica directa desde la Iglesia hacia las autoridades municipales por el abandono prolongado de una de las zonas más emblemáticas de San Luis Potosí.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, para la Iglesia el atraco es apenas un síntoma visible de un problema más profundo, la falta de atención integral al Centro Histórico, tanto en seguridad como en imagen urbana y mantenimiento.
“El abandono al Centro Histórico es algo que no podemos negar. Está descuidado en muchos aspectos, incluso de imagen, y ojalá se siga trabajando porque es una responsabilidad de nuestras autoridades. La ciudadanía no puede contra el crimen. Ojalá que en ese sentido haya más atención”, sentenció el vocero de la Iglesia, Tomás Cruz Perales.
Sus palabras no se quedan en la anécdota del robo. Apuntan directamente a una omisión institucional que, con el paso del tiempo, ha ido debilitando uno de los principales espacios públicos de la capital.
La crítica cobra mayor fuerza si se observa el contexto. Ese mismo fin de semana, más de diez integrantes del Ayuntamiento —entre alcalde, directores y regidores— se encontraban fuera de la ciudad en un viaje calificado como “turismo de trabajo”. Mientras tanto, el Centro Histórico quedaba expuesto.
Además, el asalto ocurrió pocos días después de que el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de la capital asegurara públicamente que los robos a comercios habían disminuido y que San Luis Potosí se ubicaba entre las ciudades más seguras del país. Para la Iglesia, la realidad desmintió el discurso oficial.
El llamado no es menor, para Tomás Cruz Perales, la lucha contra el crimen no puede recaer en los ciudadanos ni en los comerciantes que cada día abren sus negocios con incertidumbre. Es una responsabilidad directa de las autoridades garantizar vigilancia, prevención y condiciones dignas en el Centro Histórico.
Así, el robo a la joyería se convirtió en algo más que un expediente policial. Se transformó en un recordatorio incómodo de que, mientras no haya una política constante de cuidado y seguridad, el corazón de la ciudad seguirá siendo un territorio vulnerable, donde los discursos optimistas se rompen tan fácilmente como una vitrina.