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La puerta a la nueva era

Vértice

Amigas y amigos de Plano Informativo, lo que hoy se discute bajo el nombre de inteligencia artificial no es el fin del trabajo ni el reemplazo masivo del talento humano. Es algo más profundo y, al mismo tiempo, más simple, estamos frente a la puerta de una nueva era.

Cada época tiene su umbral. Y cada vez que una sociedad lo cruza, lo hace con miedo, con resistencia y con una pregunta incómoda, ¿estamos listos para lo que sigue?

Las nuevas herramientas no vienen a desplazar personas para sustituirlas por máquinas. Vienen a exigir personas capaces de trabajar con ellas. Profesionistas, técnicos y especialistas preparados para una realidad distinta, más compleja y más exigente.

Porque seamos honestos. La tecnología que hoy tenemos en casa no se parece en nada a la que teníamos cuando éramos niños. Cambiaron los teléfonos, la forma de informarnos, de trabajar, de comunicarnos. Y no desaparecimos. Nos adaptamos.

Eso es justamente lo que hoy vuelve a estar sobre la mesa, adaptación, educación y resiliencia.

No se trata de fabricar genios futuristas ni de imaginar escenarios de ciencia ficción. Se trata de entender que el nuevo mundo laboral necesita gente capacitada en nuevas destrezas, en campos que antes no existían o que hoy se transforman a gran velocidad. Personas que sepan usar, interpretar, supervisar y mejorar estas herramientas, no que les teman.

Como ocurrió durante la Revolución Industrial, el trabajo no desapareció, cambió. Y quienes quedaron fuera no fueron los que trabajaban, sino los que no pudieron, o talvez no quisieron, aprender algo distinto.

El problema no es caminar rumbo al futuro.

La bronca es caminar como El Borras.

 

Y es que, seamos francos, avanzar sin rumbo, sin preparación, sin estrategia, creyendo que la inercia alcanza. Es justamente avanzar como el Borras, pero la realidad es otra. No alcanza. El futuro no se improvisa. Se construye con educación sólida, con formación técnica, con profesionistas especializados y con una visión clara de hacia dónde queremos ir.

La inteligencia artificial no es una amenaza en sí misma. Es un recordatorio brutal de que el mundo ya cambió. Y que quien no invierta en conocimiento, en capacitación y en talento humano, no quedará rezagado por la tecnología, sino por su propia falta de visión.

La puerta ya está abierta.

Lo verdaderamente grave no sería cruzarla, sino hacerlo sin gente preparada para el nuevo mundo que hay del otro lado.

De corazón, gracias por su lectura.

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